<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462</id><updated>2011-04-21T20:43:11.847-03:00</updated><title type='text'>habitación del caminante</title><subtitle type='html'>Cada semana un nuevo relato.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>15</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-4600927069444651720</id><published>2009-02-16T23:58:00.005-02:00</published><updated>2009-02-24T19:27:52.957-02:00</updated><title type='text'>15- DÍA UNO CABINA DOS</title><content type='html'>Al tipo del locutorio de la cuadra - sobre las calles Lafuente y José Bonifacio - la amabilidad jamás lo abandonaba el primer día de la semana. A fuerza de costumbre sabía que de sus 3 cabinas telefónicas, la número 2 era la que menos interferencia tenía en el cable, por eso siempre me la daba. Después de todo pasar de 30 a 60 minutos pegando la bocina a mi oreja derecha, me convertía en uno de sus mejores clientes. Generalmente yo llamaba los lunes, a veces también los martes o los miércoles, de vez en cuando los jueves, rara vez un viernes. Esa rutina telefónica me permitió darme cuenta de la manera en que la amabilidad se le iba desvaneciendo a medida que pasaban los días. Para empezar, es extraño que alguien tenga más entusiasmo un lunes que un viernes, hasta llegué a pensar que se debía a la cantidad de llamadas que yo hacía. Entre más dinero gastara en el teléfono, más amable era él. Pero este es un pensamiento muy egoísta, no creo que yo haya sido el mecenas de su negocio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su esposa no tenía un temperamento tan variable ante el mostrador. Ella, sin importar el día, sin tener en cuenta el número de llamadas que hiciera, siempre era la misma mujer huraña, la que atendía de mala gana cuando no se tenían monedas para pagarle el valor exacto. Por momentos pensé que era algo personal, pero me equivoqué. A los demás clientes cuando no tenían el pago justo ni siquiera los atendía, es decir que tanto para el hombre de la sonrisa del lunes y para su esposa, yo era un cliente especial. Tal vez no era el que más gastaba, pero sí era el más constante. Ellos sabían que si el lunes abrían con poco dinero, horas después yo llegaría a reforzar sus arcas. Gracias a estos razonamientos entendí que cuando él o ella me decían &lt;em&gt;“Seguí a la cabina 2”&lt;/em&gt;, realmente me querían decir &lt;em&gt;“Bienvenido, sos nuestro cliente favorito y para vos siempre tendremos lo mejor. Por favor disculpá que la amabilidad no nos alcance para expresártelo más directamente”.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;No había duda, me querían. Varias veces estuve tentado a preguntarle al hombre el por qué de su alegría de lunes, pero nunca me atreví para evitar que mi pregunta fuera tomada como una observación de mariconería atrincherada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cabina 2 ya no era la cabina 2. Era mi oficina de lunes, donde gracias a las horas que gastaba llamando a diferentes agencias de publicidad buscando trabajo como redactor, me había ganado un lugar afectivo en ese par de vecinos ariscos. Ellos no sabían que me necesitaban, tampoco las agencias de publicidad. Pero convencer a las agencias iba a ser más dispendioso que persuadir a los del locutorio, entonces busqué por internet los teléfonos y direcciones de agencias grandes, medianas y pequeñas, y me convertí en mi propio telemarketer. La llamada inicial era para averiguar el nombre del director o directores creativos, luego hablaba con ellos o con su secretaria y les pedía cita. Después de 3 semanas algunas de las secretarias ya me reconocían telefónicamente gracias a mi acento. Me decían &lt;em&gt;“Hola colombiano, el director ya tiene tu carpeta pero si tenés algo nuevo enviámela de vuelta y se la vuelvo a mandar”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Con tanto desgaste de oreja era apenas lógico conseguir citas con algunos directores, dándome la impresión de que mi búsqueda avanzaba, aunque las posibilidades de trabajo no le seguían el mismo ritmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer dilema al que me enfrentaba en una entrevista era el saludo. En Argentina es normal que entre hombres se saluden con un beso en la mejilla, de hecho yo ya me había acostumbrado a este saludo con algunos amigos gauchos. Pero la situación cambiaba un poco cuando se trataba de darle la primera impresión a un sujeto que podría convertirse en mi próximo jefe. Si lo saludo de beso podría pensar que soy un tanto largo de confianza y posiblemente quiera marcar distancia conmigo. Si lo saludo de mano pensará que quien marca distancia soy yo y me tratará como un bicho raro que no se acomoda a las costumbres de su país. Esta era la preocupación que más ocupaba mi cabeza cada vez que me encontraba esperando a don Director Creativo. ¡La duda era más grande que si se tratara de besar a una chica! Si la chica no me besaba pues se alejaba y jamás la volvía a ver, pero no afectaría en nada mi futuro laboral ni mis ingresos económicos. Supuse entonces que como la duda era similar, la respuesta también debería serlo. Decidí esperar a que él diera el primer paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando don Director Creativo hacía su entrada triunfal a la sala de espera yo tenía preparadas mi mano y mi mejilla derecha, a ver por cual lado atacaba primero. Algunos iban decididos a estrechar o a besar, con ellos yo no tenía ningún problema. Con quienes se me dificultaba el saludo era con los que no se habían decidido, porque presumían que gracias a que yo era colombiano, no sabía saludar al estilo argentino. Entonces se me paraban en frente, me decían hola y esperaban a que yo hiciera algún movimiento definitorio. Creo que las recepcionistas se debieron divertir mucho viendo a un par de indecisos frente a frente que no sabían si besarse o estrecharse la mano. Esto era como uno de esos juegos de “piedra, papel o tijera” donde el azar decidía. Para acabar con estos eternos segundos de incomodidad yo estiraba mi mano derecha pero al mismo tiempo él me acercaba su mejilla, así que yo cambiaba rápidamente y también estiraba trompa, a lo que él respondía estirando su mano. Terminábamos saludándonos con beso, apretón y una ligera palmada en la espalda al mismo tiempo, como si fuéramos dos viejos camaradas que se reencuentran después de la guerra. Superado este impase seguíamos a alguna oficina desocupada a comenzar la entrevista. Él me pedía que le recordara mi nombre. Yo se lo decía de nuevo, pero era el colmo que le hubiera dado semejante saludo a alguien que ni siquiera sabía cómo me llamaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la entrevista, yo presentaba los avisos publicitarios que componían mi portafolio. Algunos entrevistadores se tomaban el tiempo para hacerme comentarios puntuales sobre cada uno de los avisos, otros simplemente los miraban con la más inexpresiva arrogancia y decían “está bien”.&lt;br /&gt;¡Cómo que está bien! Acá está lo más selecto de mucho tiempo de trabajo y don Director Creativo sólo dice “está bien”. Por Dios, uno espera algo más inteligente de alguien que por alguna razón llega a ese cargo. Por suerte son muy pocos los misántropos que se la reservan, limitándose a asentir con la cabeza y a cerrar con un insípido “está bien”.&lt;br /&gt;Con los comentarios de los que sí dan comentarios, uno va mejorando. La simple apreciación de alguien que lleva años haciendo publicidad galardonada enriquece, así que es una gran contribución con el futuro publicitario, que se tomen el tiempo para hacer un análisis de por lo menos uno de los avisos. Gracias a estos aportes las reacciones hacia mi trabajo fueron cada vez más satisfactorias. Afortunadamente me encontré con muchos directores que conservaban vivas la objetividad y el entusiasmo por su profesión, y aunque la mayoría de las veces terminaban la entrevista diciendo que la agencia en este momento no está necesitando redactores, me pedían que siguiera en contacto con ellos por si en algún momento cambiaba el panorama. Ocasionalmente me remitían ante otros directores amigos suyos, que tal vez tenían una vacante en su equipo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas estas entrevistas me traían de vuelta al mismo lugar. Al locutorio de confianza cabina número 2, a llamar a los directores que me entrevistaron o a los amigos a los que me remitieron, para recordarles que todavía existo. ¡Qué posición tan penosa! Sé que muchas veces los incomodé con mis llamadas, pero estoy seguro que era más incómodo para mí tener que llamarlos. Uno de ellos me pidió que lo llamara el viernes, así que tuve que ir un viernes en la tarde a mi oficina de los lunes - algo realmente inusual -. Lo llamé, se escuchaba a lo lejos la transmisión de un partido de Boca Juniors. Don Director Creativo aceleradamente me dio cita para el lunes a las 11:00 am., pero me pidió que lo llamara una hora antes para confirmar.&lt;br /&gt;¡La concha de todas las loras! Con lo difícil que es ubicarlo por teléfono, ahora me pide que lo llame antes para recordarle lo de mi cita. ¡Don Director Creativo yo busco trabajo como redactor de su equipo, no como su niñera! Pero bueno, había que tragarse las palabras y ayudarle el lunes con su atolondrada agenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir de la cabina el tipo del locutorio estaba extrañamente amable, eso es algo atípico para un viernes. Unos paraguayos que trabajaban en construcción compraron 4 litros de cerveza y le pagaron con un billete grande. El tipo del locutorio ni siquiera les pidió monedas, sólo les dio el cambio con una sonrisa de torta de cumpleaños. Estaba enajenado mirando un partido de fútbol en la tele. Boca Juniors iba ganando 2-0 ó 3-0, no me acuerdo. Al final, él no se limitó a darme el cambio, también me dio la mano. Jamás me había hablado algo diferente a lo estrictamente requerido para su negocio, y ahora de repente me saludaba como a uno de sus amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Muchas gracias &lt;/em&gt;– le dije yo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡Con mucho gusto muchacho y que consigas laburo!&lt;/em&gt; – dijo él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su infidencia en mis conversaciones telefónicas, lejos de molestarme, me animó. Ojalá don Director Creativo tenga el lunes el mismo entusiasmo que mi amigo el del locutorio, y me dé la entrevista definitiva. No me importa el fútbol argentino, pero ¡Aguante Boca!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-4600927069444651720?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/4600927069444651720/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=4600927069444651720' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/4600927069444651720'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/4600927069444651720'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2009/02/15-dia-uno-cabina-dos.html' title='15- DÍA UNO CABINA DOS'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-3644969750981603970</id><published>2009-02-10T02:08:00.003-02:00</published><updated>2009-02-10T02:19:03.235-02:00</updated><title type='text'>14- LETRAS DE LA CIUDAD</title><content type='html'>La Línea A del subte aún conserva esa esencia a pasado que la hace inconfundible. La madera de antaño que cubre el interior de sus vagones logra convertirlos en piezas de colección, y si a esto le sumamos que algunas de sus puertas todavía se operan manualmente, entendemos porque para muchos porteños estos vagones son objeto de culto urbano. Es mi línea de subte favorita. No sólo porque me lleva desde Caballito hasta Plaza de Mayo en 30 minutos, también porque me transporta desde el presente hasta comienzos del siglo pasado, época en la que se construyó la Línea A del metro de Buenos Aires, conservando hasta hoy su diseño original. Bastan 90 centavos para tener esa sensación de retroceder en la historia, como si uno fuera un personaje sacado de la letra de un tango o de un cuento Borgiano. Sé que no existen las máquinas del tiempo, pero la Línea A es lo que más se le asemeja. Durante las primeras horas del día cada vagón se atesta con una muchedumbre silenciosa, parecen respirar al mismo tiempo sin cruzarse ni una palabra, tan sólo aguardando llegar a su estación de destino. Para acompañar este viaje al pasado muchos pasan los minutos leyendo noticias y todo tipo de literatura. Yo estaba leyendo &lt;em&gt;“Bestiario”&lt;/em&gt; de Cortázar, otros dos leían &lt;em&gt;“Rayuela”.&lt;/em&gt; Cortázar nunca lo supo pero creo que es el escritor más leído por los pasajeros del subte, supongo que debe estar en el Top Five de la línea A. Al bajarse en Plaza de Mayo, uno parece haber entrado en el escenario de alguna de sus historias, cuesta trabajo darse cuenta que la lectura terminó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se tiene que trabajar y cumplir un horario, no queda más alternativa que detener ese viaje literario y conectarse con el rigor de la rutina. Pero cuando se es un &lt;em&gt;“librepensador estacional”&lt;/em&gt; – entiéndase también como desempleado – se puede caminar unas cuadras más por la Avenida de Mayo hasta llegar al Café Tortoni, otro tradicional lugar en el que Borges gastaba su dinero. El lugar es más antiguo que la Línea A. En él se percibe una atmósfera medio tanguera medio intelectual, y se pueden observar unas caricaturescas estatuas de Gardel, Borges y Alfonsina Storni ubicadas en una mesa del fondo. Acá, rodeado por viejos que se toman tres horas para beber un café y gerentes que revisan sus acciones en el diario, es el mejor lugar para continuar la lectura que interrumpí en el subte. Después de una hora sumergido en el cuento del día, me di cuenta que la banda sonora de mi lectura eran las tazas golpeándose sobre las mesas y el murmullo de la gente. Yo hubiera jurado que había música. Sin duda es el sonido más agradable para un café, creo que sería buena idea grabar un CD con esta atmósfera y colocarlo en cualquier cafetería de barrio para subirle el estatus.&lt;br /&gt;Y es que sonidos, calles, letras, hacen parte de un mismo sistema que se respira en todo Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía medio abducido por esos encuentros entre literatura y realidad, caminé por 10 minutos hasta la Plaza San Martín donde tenía que verme con una amiga. ¡Vaya! Yo estaba sentado en una banca de este parque esperando a alguien, tal como lo hizo Juan Pablo Castel, el personaje central de &lt;em&gt;“El Túnel”&lt;/em&gt; de Ernesto Sabato. Castel aguardaba en este mismo lugar por su amada mientras su paranoia lo impulsaba a pensar lo peor de ella, finalmente la apuñaló. Mi amiga llegó tarde, pero yo fui un poco más indulgente con ella. Le hablé de mi impresión de sentirme caminando en la literatura argentina. Que cuando cambiaba de barrio cambiaba de autor, pero siempre estaba dentro de una gran biblioteca urbana. Flores con &lt;em&gt;“El ángel gris”&lt;/em&gt; de Alejandro Dolina, Tigre con &lt;em&gt;“De la forma del mundo”&lt;/em&gt; de Adolfo Bioy Casares. Incluso bastaba caminar por Corrientes o por Constitución, para tropezarme con una canción de Fito Páez. Qué bueno que los artistas locales encuentren en su ciudad una fuente de inspiración, y que la ciudad les retribuya con obras tangibles. Por ejemplo, en la intersección entre las calles Serrano y Honduras queda la Plaza Serrano, a la que rebautizaron como Plaza Julio Cortázar. Después de esa plaza la Calle Serrano cambia su nombre a Calle Borges, debido a que acá se encuentra la casa en la que vivió este autor cuando era niño. Con todo el aprecio que sienten los argentinos hacia sus escritores - tanto como para cambiar el nombre de una calle o de una plaza - imaginé que en ese lugar debería funcionar un museo o un centro cultural o por lo menos una biblioteca. Al llegar allá mi hallazgo fue aún más sorprendente. La dirección era Serrano 2135 pero no había ni siquiera una venta de libros piratas. En la entrada sobresalía un aviso blanco de una peluquería llamada “Maldito Frizz” y a su lado había una pequeña placa que decía &lt;em&gt;“En este solar vivió Jorge Luis Borges durante su infancia desde 1901 hasta 1914”. &lt;/em&gt;Yo no salía de mi asombro. ¡Son capaces de cambiar el nombre de una calle en su honor, pero su casa es la sede de los peinados de moda! Todavía un poco incrédulo pregunté a la encargada de la peluquería:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Hola. ¿Es verdad que en esta casa vivió Jorge Luis Borges?&lt;br /&gt;- La verdad no sé. Yo soy nueva en el trabajo. Pero si querés podés pasar a la noche y preguntarle a la dueña de la peluquería, que ella lleva varios años acá.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;No había caso. En este lugar sólo se encargaban de la parte exterior de la cabeza, y aunque esta fue la casa de infancia de Borges, pareciera que él jamás hubiera pasado por la planta baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya era tarde. Había que volver a casa y las vías para los colectivos estaban bastante congestionadas, así que tome la Línea D del subte para después hacer transbordo con la Línea E. Me esperaba una hora de viaje. La Línea D es la que pasa por los barrios turísticos, por eso es la más moderna, aunque paradójicamente cada vez que arranca uno de sus trenes se escucha un peculiar timbre, muy parecido a la introducción de la canción&lt;em&gt; “Flashdance…What a feeling”&lt;/em&gt; de los ochentas. Sea en la línea más reciente o en la más clásica o en colectivo, iba a encontrarme de nuevo con la&lt;em&gt; “sociedad de lectores del transporte público”&lt;/em&gt;, quienes sin importar la cantidad de maletas que carguen o el número de pasajeros que los rodeen o la amenaza de desprendimiento de retina, siempre hallan oportunidad para leer historias que les motiven a pensar en algo diferente a lo que ven todos los días. Por mi parte también leeré, pero con la intención de que las calles, las construcciones, los sonidos y las letras de la ciudad, me sigan hablando juntas el mismo idioma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-3644969750981603970?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/3644969750981603970/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=3644969750981603970' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/3644969750981603970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/3644969750981603970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2009/02/14-letras-de-la-ciudad.html' title='14- LETRAS DE LA CIUDAD'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-212744634037699354</id><published>2009-02-04T19:01:00.003-02:00</published><updated>2009-02-10T02:08:43.235-02:00</updated><title type='text'>13- ES CUALQUIER COSA</title><content type='html'>Después de muchos años conviviendo con alguien, el deseo y el amor se entelarañan en una masa extraña que más se parece a la costumbre. Esta es una situación habitual en la mayoría de parejas de casados cuando han vivido mucho tiempo juntos, llegando al punto en que uno se vuelve predecible para el otro, extinguiendo las ganas de intimar. Ante esta alerta los matrimonios buscan ayuda con terapeutas de pareja, con esencias exóticas, con vestidos de película porno, con rezos a algún santo desocupado o con cualquier otro despropósito que evite la separación. Esto nos pasa a todos - a hombres, a mujeres y hasta a los osos pandas - con el agravante de que estos últimos deben recobrar el deseo obligatoriamente porque necesitan procrear para que su especie no se extinga. Una pareja de pandas muy consciente de su problema y habiendo probado todo lo que sabían, decidió asociarse con una compañía de internet para preservar su supervivencia. Sacaron al aire varios comerciales de televisión invitando a la gente a que entrara al sitio &lt;a href="http://www.salvaunmatrimonio.com/"&gt;blogdelpanda.arnet.com.ar&lt;/a&gt; y les dieran ideas para recobrar su libido animal. Gracias al ancho de banda y al bajo costo que tiene suscribirse a esta compañía de internet, pueden subir lo que quieran. Nos dejaban en la cabeza que el internet sí es para divertirse. Durante 3 meses nos regodeamos con comerciales en que los pandas hacían lo que las personas les recomendaban. El macho bailó vestido de bombero, se fueron de vacaciones a un lugar paradisiaco, tuvieron sesión con una famosísima sexóloga puertorriqueña, se dedicaron canciones románticas, hasta que por fin lograron copular. El macho agradeció dichoso a cámara porque su esposa estaba embarazada y ella nos agradeció por los 6 segundos increíbles que había pasado. Todos en el país tuvimos que ver con salvar ese matrimonio panda, porque recurrimos a internet para enviar consejos o para verlos en sus intentos. Definitivamente acá habían unos genios publicitarios, y esperaba ver a estos iluminados y a más de sus fulminantes ideas en el FIAP (Festival Ibero Americano de Publicidad).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la recepción de hotel me preparé mentalmente para ser ignorado porque de seguro yo reconocería el rostro de muchos de ellos sin que ellos conocerían el mío, pero al presentar mi ficha inscripción y subir las escaleras, me encontré con que la mayoría de los asistentes eran estudiantes. A muchos los conocía. Pero bueno, hasta ahora era el primer día del FIAP y la mayoría de mis colegas de los diferentes departamentos creativos, deben estar atareados con ajustes de última hora sobre piezas que al día siguiente deben salir al aire. Obviamente ante estos afanes, ni al cliente ni a los directores de las agencias les importa mucho si sus creativos asisten a recibir unos premios. Con frecuencia uno se encuentra con ajustes absurdos dichos 5 minutos antes de las 6:00 pm, estimulando un recurrente instinto criminal contra los clientes. A pesar de eso al otro día regresamos al trabajo con la disposición para seguir haciendo un poco más amable lo aburrido del consumismo, dándole a las hamburguesas la imagen de un payaso, al internet el vestido de un oso panda, a la publicidad el disfraz de la diversión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al siguiente día comenzaron las conferencias, una de ellas se llamaba algo así como &lt;em&gt;“Vanguardia en manejo de la imagen publicitaria”.&lt;/em&gt; ¡Vaya título! Con ese nombre se puede hacer un post grado. Inicialmente lamenté muchísimo haber llegado tarde y perdérmela, entonces para pasar el tiempo di un tour por los diferentes stands del lobby, cargándome con kilos de merchandising, que me evitaron volver a comprar un lapicero en cinco meses. Cuando se abrió la puerta del salón de conferencias, una amiga mía salió indignada. Parece que la ya nombrada &lt;em&gt;“Vanguardia en manejo de imagen publicitaria”&lt;/em&gt; no era más que la charla de ventas de un banco de imágenes tratando de captar nuevos clientes. Por suerte esa noche era el coctel de inauguración del festival, lo que nos ayudaría a olvidar con quesos, vinos y farándula, este tipo de animaladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de que algunos de los trabajos exhibidos eran interesantes, de que las conferencias que siguieron fueron realmente buenas y que estaban a cargo de reconocidos publicitarios de la región, no fueron suficientes para atraer al mismo número de creativos que atrajo el coctel. Los salones inmensos y muy bien adecuados, se veían aún más gigantes con la poca cantidad de asistentes, casi todos estudiantes. Esta supuesta fiesta de la publicidad iberoamericana más parecía un sábado en la universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa idea inicial de que la cantidad de trabajo no permitía que los creativos locales asistieran a los premios, ya se me iba debilitando. Tal parece que a ellos no les interesa conocer los trabajos de sus colegas, ni ver qué tienen que decir los conferencistas, quienes en general manejan los hilos de las grandes redes publicitarias del mundo. Les importa más beber gratis en el coctel de inauguración y esperar desde su oficina la posibilidad de ganar un galardón que le de coraje al ego. Bueno, yo lo entiendo, en alguna oportunidad hay que desquitarse. Muchas veces hemos trabajado por días enteros hasta la madrugada para que el cliente vea 3 campañas diferentes con piezas para televisión, radio, revistas, vía pública y medios alternativos. Luego, saca a flote al creativo frustrado y cuadripléjico que hay en algún lugar de su emponzoñada cabeza, y decide mezclar los textos de la primera opción, con las fotos de la segunda y la estrategia de la tercera. Nuevamente nos desvelamos armando ese Frankenstein publicitario, para que semanas después termine haciendo solamente un volante, por cuestión de presupuesto. Si sumamos estas ganas de colgarlo de las pelotas junto con el desencanto por una profesión que parecía mucho más divertida, a uno no le dan ganas de ir a unos premios a escuchar a unos vejetes con más éxito que uno. Señores conferencistas ¡quédense en su parnaso publicitario! Por mi parte me quedaré en la oficina tratando de convencer al tarado de turno que los Frankenstein no funcionan en publicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche de entrega de los premios todo simulaba ser diferente. Los presentadores desempolvaron sus corbatas y tacones, el escenario tenía todas las codiciadas estatuillas en oro, plata y bronce. A pesar del esfuerzo de los organizadores, el salón continuaba parcialmente vacío. Leyeron el primer ganador de la noche, no había nadie en la sala para recibirlo. Igual pasó con el segundo, el tercero y con la mayoría de los ganadores. Los pocos que subieron a buscar su premio, lo hacían de manera apresurada, como si les molestara hacerlo. Incluso le oí decir a uno de los asistentes que estaba unas sillas más atrás &lt;em&gt;“¡Bah! Un FIAP no es gran cosa”.&lt;/em&gt; Definitivamente esto de los festivales y los premios es un negocio de vanidades. Por un lado los creativos ven atropellada su vocación laboral cuando después de presentar una campaña, los clientes cambian a un simpático panda por un monstruo publicitario. Luego se organizan festivales cuya inscripción es bastante costosa, en los que las agencias invierten para resarcir en algo su maltrecho ego corporativo, y así sentir que son los mejores en algo. Finalmente, es tan alto el egocentrismo, que este mismo les impide asistir a los premios, para no demostrar que los desean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después fui a la oficina de un Director Creativo a mostrarle mi trabajo. Él me atendió muy amablemente y me hizo seguir a su oficina donde tenía una repisa de cristal grueso justo en frente de la puerta, con la estatuilla del último FIAP que se había ganado. Yo le dije &lt;em&gt;“¿Te ganaste un FIAP? ¡Felicitaciones!”.&lt;/em&gt; Él respondió &lt;em&gt;“¡Bah! Un FIAP es cualquier cosa”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto si la agencia que se inventó el matrimonio panda, piensa lo mismo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-212744634037699354?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/212744634037699354/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=212744634037699354' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/212744634037699354'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/212744634037699354'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2009/02/13-es-cualquier-cosa.html' title='13- ES CUALQUIER COSA'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-1319001610918301475</id><published>2009-01-27T21:26:00.002-02:00</published><updated>2009-01-27T21:33:04.704-02:00</updated><title type='text'>12- EN LA SALA DEL RECTÁNGULO NEGRO</title><content type='html'>Ahí estaba yo frente al rectángulo negro, en aquel momento no había nadie más en la sala. Él estaba empotrado en la pared del museo tratando de decirme que yo soy poca cosa para valorarlo. Me incliné ligeramente para apreciar el reflejo que la luz de la sala tenía sobre su superficie, también lo vi de perfil a ver si se trataba de una de esas obras de ilusión óptica, pero nada. Era el mismo rectángulo sombrío, prudente, estoico, que colgaba de una de las paredes del Museo Municipal de Bellas Artes de Rosario. A su lado estaba una inscripción que decía:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;“El Caos” &lt;br /&gt;Técnica Mixta&lt;br /&gt;Premio adquisición salón de arte moderno 1993.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto debería entenderlo todo, pero la verdad es que nada comprendí. Cómo es posible que alguien que pinte un rectángulo negro y lo asocie con el caos, sea capaz de denominarse artista. ¡Ah! ¡Además ganar un premio! Empecé a imaginarme el resto de cuadros de este autor. Bien podrían ser un círculo blanco titulado “La Calma”, o un triángulo rojo llamado “La Pasión”. ¡Qué divertido es ser artista! La mofa se me convirtió en angustia cuando recordé que esta apología al sincretismo había ganado un premio, eso sólo puede significar dos cosas: o tanto el artista como el jurado tienen el cerebro agujereado por el olor penetrante del óleo o yo soy un imbécil conceptual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con algo de pánico dejé la sala del rectángulo negro para recorrer el resto de las exposiciones. Desde ese momento no me importaron las obras, mi principal interés era testearme a mí mismo para saber si en verdad mis conocimientos en arte son tan precarios como para impedirme entender una obra conceptual. Pasé por la sala de retratos del renacimiento, barroco y clasicismo, sin encontrar mayor novedad. Luego el impresionismo y sus choques de luz, me ratificaban que algo entendía yo de esto. Seguí por la sala del expresionismo y toda la cantidad de desequilibrios que derivó como el surrealismo, cubismo, abstraccionismo y demás chifladuras terminadas en ismo. Desde que tengo 15 años soy visitante de museos y algo de apreciación artística debo tener en la cabeza, sin embargo ese enajenado rectángulo negro todavía me parecía un insulto para cualquier inteligencia. Creo que a veces los artistas se dan recreos dentro de sus obras, permitiéndose burlarse de quienes los admiran para saber qué tanto conocen ellos de arte. Es similar al cuento de &lt;em&gt;“El traje nuevo del emperador”&lt;/em&gt; de Andersen. Es como si el cuadro nos gritara &lt;em&gt;“Yo soy arte y soy premiado. Si dices que te gusto demostrarás a los demás que sabes de arte, porque un jurado ya me premió. Si no te gusto, corres el riesgo que quienes aparentan entenderme te traten como un estúpido”.&lt;/em&gt;  Pues bien rectangulito negro, a este estúpido no le agradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después fui al “Palais de Glace”, llevado por el interés que me despertaba su historia. A comienzos del siglo pasado fue construido para ser una pista de patinaje sobre hielo, diez años después fue utilizado como salón de baile (milonga) y luego fue adaptado para ser museo. Las obras cuelgan sobre la estructura circular de las paredes, y tanto esculturas como instalaciones están ubicadas debajo de un gran domo donde la luz entra escandalosamente, justo donde estaba la pista de patinaje. Es una construcción poco convencional, al igual que las obras que exhibe. Mi recorrido comenzó por las instalaciones, la mayoría de ellas eran realmente cautivantes pero otras parecían primas hermanas del rectángulo negro. Había una que consistía en dos paneles de acero y uno de vidrio grueso, colocados transversalmente. La obra tenía más de dos metros de alta y las uniones entra cada uno de sus paneles eran desiguales. Es una rareza completa, difícil de entender y de describir. Por fin ubiqué la ficha en la que estaba su título, esperaba que me diera pistas de lo que significaba este armatoste de lata y vidrio. La ficha decía:&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;“Sin Título”&lt;br /&gt;Técnica Mixta&lt;br /&gt;Primer Lugar&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Me lleva el chanfle! No tenía ni la menor señal de lo que significaba esto, y a juzgar por el título y por el premio, podía deducir que el autor y el jurado tampoco lo sabían. Es irresponsable hacer un delirio con dos pedazos de latas gigantes y titularlo “Sin título”. Esta vez no quise apresurarme a sacar conjeturas así que esperé a que la guía del museo diera una visita guiada, mientras tanto continué con una obra que en verdad me llamara la atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una repisa con 5 ó 6 frascos grandes con agua, los cuales tenían una papa en su interior. Cada papá estaba dando raíces, algunas eran tan largas que se salían del frasco. La repisa estaba bañada por unas luces de neón y la contenía una estructura metálica que daba la sensación de modernidad y tecnología. Me pareció una síntesis bastante inteligente que representaba a los cultivos transgénicos, la forma artificial de procrear vegetales y las condiciones tecnológicas que cada vez invadían más el entorno del hombre. La guía del museo dijo que la autora de esta obra simplemente quiso representar el origen de todo lo que vemos, y que la estructura metálica no tenía ninguna justificación. ¡Rayos! Prefiero el significado que yo le di.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero de eso se trata el arte. De que cada uno tenga la libertad de darle el sentido que le venga en gana, de esta forma el espectador se vuelve cómplice de la obra. Por eso los artistas no quieren comprometerse con ninguna pista, y a sus delirios mal terminados los llaman “Sin título”. Otro punto que hay que tener en cuenta en esto de la observación de arte, es que no siempre representan un concepto. Es decir, hay obras que por su color, forma y demás características pueden transmitir soledad, tristeza, alegría, exaltación, ira o situaciones más complejas como el problema de los transgénicos. Sin embargo hay otras que tienen su propia fuerza interna y que no se pueden encasillar en una palabra. Son obras que vibran sin que nosotros sepamos por qué. El arte es un medio de expresión y a veces lo que expresa no se puede decir ni con palabras ni con ninguna otra herramienta distinta al nuevo lenguaje que encuentra un autor en cada obra. Después de todo si cada cosa que se transmite se pudiera expresar verbalmente, el arte no sería necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces creí haber encontrado una gran respuesta que evitaría que el arte me volviera a desconcertar, me sentí iluminado por el resplandor estruendoso del domo. Definitivamente me sirvió haber observado por quinta vez, la obra de las latas gigantes que había ganado el primer lugar. Enseguida empezó la visita guiada del museo cortando a machetazos la inspiración del momento, recordándome esa sensación de estar en la sala del rectángulo negro. La guía daba apreciaciones certeras del autor de cada obra facilitando el encantamiento con cada una de ellas, pero al llegar a las latas monumentales del primer lugar, ella dijo: &lt;em&gt;“Esta obra tiene una gran fuerza, por eso ganó. Además el autor es diseñador industrial y le dio a esta propuesta algo especial que no tiene ninguna otra… Un par de rueditas en la base, que permiten desplazarla con facilidad”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente sonreía y aplaudía muy nerviosamente. No había nada que entender. Era un primer lugar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-1319001610918301475?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/1319001610918301475/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=1319001610918301475' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/1319001610918301475'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/1319001610918301475'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2009/01/12-en-la-sala-del-rectangulo-negro.html' title='12- EN LA SALA DEL RECTÁNGULO NEGRO'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-8754363458801382078</id><published>2009-01-20T23:20:00.001-02:00</published><updated>2009-01-21T18:03:15.691-02:00</updated><title type='text'>11- ¿POR QUÉ ME MIRAS SI NO ME QUIERES PARA BAILAR?</title><content type='html'>La mente tiene un mecanismo para enfrentar lo desconocido, tal vez lo emplee por temor a lo que pueda descubrir o por ahorrarse el trabajo de conocerlo o simplemente por alardear que conoce el todo con apenas una pequeña muestra. Aunque este mecanismo sólo conduzca a la ignorancia, nuestro cerebro pareciera estar predispuesto a utilizarlo. Basta de preámbulos, este problema tan cotidiano no los merece, estoy hablando de “GENERALIZAR”. Presumimos que todos los peruanos se enamoran en las polladas, que todos los irlandeses son borrachos, que todas las suecas son actrices porno, que todos los colombianos cultivamos droga, y cuando comenzamos a investigar nuestros prejuicios empiezan a debilitarse. Yo creía, o por lo menos lo presumía, que la mayoría de los argentinos bailaban tango. Me los imaginaba de chicos saliendo del colegio hacia sectores como “San Telmo” o “Abasto”, con el torso erguido y los zapatos brillantes. ¡Pues no señores! Acá se escucha reggaetón, rock y pop como en cualquier lado, y los argentinos que bailan tango son una minoría comparados con los que bailan electrónico, sin embargo quienes lo hacen son muy consagrados a mantener vivo este baile como un monumento a su nacionalidad. Luego de ser consciente del error al que mis prejuicios me habían llevado, decidí emprender un recorrido por esa Argentina tanguera que uno ve en postales desde el exterior, pero no hablo de recorrer “Caminito” o algún sector tradicional, me refiero a adentrarme en el espíritu del tango, descubriendo los lugares adecuados para bailarlo, empaparme de lunfardo, y por qué no, aprender uno que otro movimiento que me permita defenderme en una pista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el sábado, y con él mis primeras clases de tango en Buenos Aires. Las tomé en una academia que me habían recomendado situada en mi barrio, Flores. Para ser honesto yo ya había tomado hace años tres clases de tango pero no recordaba ni con qué pie debía arrancar, así que entré a clase como si no hubiera tenido ningún contacto con este baile. La primera clase fue algo incómoda porque éramos tres hombres y una mujer en el nivel básico, lo que significaba que los varones teníamos que ser pacientes y esperar a que la mujer bailara con todos. Me enseñaron la forma de tomar la pareja, la mirada y los ocho pasos básicos, entonces dos de nosotros ensayábamos solos frente al espejo para que al momento de que nos tocará el derecho a pareja, no le hiciéramos perder el ritmo. Ella - una señora de mirada seria quince años mayor que mi mamá - se había convertido en la reina de la pista de principiantes. Al final de la clase me informaron de algunos salones de baile tradicionales a los que los profesores y los alumnos más aventajados solían ir a bailar, ese dato me podría servir para cuando pueda moverme en la pista sin pisar a mi pareja más de dos veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El fin de semana siguiente regresé a clase con el conformismo de quien estudia y nada aprende. Iba dispuesto a encontrarme de nuevo con la señora reina de los principiantes y tratar de simular alguna sensualidad en mis pasos, tal como lo indicaba el instructor. Mi poco talento para el baile me hizo mejores las cosas, porque tanto la señora como los otros dos alumnos ya habían subido de nivel, así que en el básico sólo estaba yo junto con otro tipo y cinco chicas nuevas. Vaya, ahora yo era el alumno aventajado y podía servirle al instructor para que los demás vieran cómo se hacen los pasos. El instructor dijo que diera una vuelta al salón con una de ellas y que luego la cambiara por otra, esto con el fin de que todas pudieran practicar. Mientras yo bailaba con mi pareja de turno veía como las demás aguardaban en una esquina practicando los pasos entre ellas y cuando yo me acercaba a esa esquina todas querían que las sacara a bailar y me miraban con cara de novia en domingo. Así me era más sencillo entender eso de la sensualidad, del garbo en el torso, de dominar el baile, esas vueltas que da el tango ya me estaban gustando. Al final de la clase esta vez sí presté atención para saber dónde quedaban las milongas o salones de baile, porque creía que ya estaba listo para hacer un ridículo menor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Convencí a una amiga brasilera de la importancia de conocer el verdadero ambiente tanguero de Buenos Aires y nos fuimos al salón Canning sobre la avenida Scalabrini Ortíz. Buscábamos un salón clásico, tradicional, y sí tenía show de bailarines profesionales pues mucho mejor. Techos altos, gigantografías de Gardel, paredes con firuletes neo clásicos, y los asistentes impecablemente arreglados y perfumados, casi todos mayores de 40. De nuevo éramos los más jóvenes del lugar y los menos formales. De entrada me llamó la atención la ritualidad con la que se desenvuelven dentro del salón, ellos están serios pero al mismo tiempo parecen estar divirtiéndose, estar acá es como ir a una discoteca hace 80 años. Este es el boliche de los viejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisimos acompañar este baile con una bebida acorde a la ocasión como un champagne o un buen vino, pero después de pagar las entradas y consultar nuestros bolsillos, sólo nos alcanzaba para cerveza. Sin más reparo pedimos el primer litro de la noche y sorprendentemente nos lo trajeron envuelto en servilletas de tela sobre una jarra con hielo, tal como se sirve una botella de champagne, lo cual nos motivó a pedir dos litros más. Qué lugar este, hasta la cerveza se vestía de gala mientras nosotros seguíamos con los mismos jeans rotos con los que íbamos a recitales de rock. Esa informalidad nos daba licencia para hacer cosas poco ortodoxas, como interrumpir el idilio de una pareja de uruguayos que estaban en la mesa de al lado para preguntarles sobre todo el protocolo que se debe tener en cuenta al momento de entrar a una milonga. Ellos muy amablemente nos explicaron que al hombre le bastaba con mirar fijamente a una mujer para sacarla a bailar, si ella correspondía con la mirada entonces se daba el baile pero si la mujer no estaba interesada entonces desviaba la mirada. Luego las parejas bailaban tres tangos seguidos tratando de entenderse con más movimientos que palabras, después venía la música de corte que consistía en un fragmento de dos minutos de algún ritmo tropical o brasilero que nada tenía que ver con el tango. El objetivo de esta música era que las parejas detuvieran su baile y acordaran si continuaban bailando o si buscaban otra pareja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los conocimientos de nuestros guías uruguayos llegaban a tal punto que podían identificar los tipos de baile. Ellos comentaban:&lt;em&gt; “aquella pareja del fondo hace un baile clásico, ese es el estilo porteño. Los de la izquierda están un poco más relajados, con menor intensidad, es el tango que enseñan las escuelas de ahora. Y los de la esquina, que está bien pegados, bailan al estilo uruguayo, esos deben ser de Montevideo”.&lt;/em&gt; Bueno, realmente no sé qué tanto había de cierto en su clasificación de bailes, bien podrían estarse aprovechando de nuestra ignorancia en el tema, lo cierto es que después de tanta charla dancística ya me estaba animando a salir a bailar. Me preparaba moviendo los pies debajo de la mesa muy disimuladamente, tratando de repasar los famosos 8 pasos básicos que había aprendido. Después del segundo litro de cerveza ya me sentí listo para bailar con la brasilera, pero ella aprendió tan bien las lecciones dadas por la pareja de uruguayos, que me esquivó la mirada con la más cínica de las risas y me dijo &lt;em&gt;“¿Por qué me miras si no me quieres para bailar?”&lt;/em&gt; Tengo entendido que esa es una expresión muy común en el sur de Brasil, que se ajustaba perfecto a la situación porque realmente yo no estaba preparado para semejante proeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había caso, ese ridículo lo teníamos que postergar para cuando tuviéramos más conocimientos en la materia. A pesar de todo yo me sentía satisfecho sobre todo cuando sonaba la música de corte, tal vez se debía a que era el único ritmo en ese salón que yo medianamente podía bailar, o se debía a lo gracioso que se veían unos expertos bailarines de tango moviéndose descoordinadamente al ritmo de Celia Cruz. Definitivamente las cosas salieron como tenían que salir, era mejor que nosotros nos riéramos de lo mal que bailan la música de corte y no que ellos se burlaran del desastre que somos bailando tango.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir de allí entramos a un bar de rock setentero con cerveza barata y mesas con mal de Parkinson, en el que nuestros jeans encajaban perfectamente. Era inminente la necesidad de volver a nuestro redil rockero después de tanto tango, porque aunque yo ya había aprendido mi lección de no generalizar sobre lo desconocido, no quería darles la oportunidad a los asistentes del salón Canning para que presumieran que todos los colombianos o brasileros somos unos ineptos para los ritmos del río de la plata. Basta con ir a “Caminito” para encontrarse con orquestas de tango y bailarines en la calle, que se toman fotos con muchos turistas. Yo me tomé una foto con una bailarina pensando que se trataba de una linda y hábil tanguera porteña. Luego me despedí de ella y me dijo con un tenue acento antioqueño &lt;em&gt;“Tú eres de Bogotá, ¿cierto?”.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-8754363458801382078?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/8754363458801382078/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=8754363458801382078' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/8754363458801382078'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/8754363458801382078'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2009/01/11-por-qu-me-miras-si-no-me-quieres.html' title='11- ¿POR QUÉ ME MIRAS SI NO ME QUIERES PARA BAILAR?'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-5824064588383562927</id><published>2008-12-08T18:56:00.000-02:00</published><updated>2008-12-08T18:57:25.690-02:00</updated><title type='text'>10- PARADOJAS, ASADOS Y REGRESOS</title><content type='html'>En la misma cuadra en la que funciona uno de los pocos templos krishna que hay en la ciudad, esos que promueven el respeto por la vida de los animales y la comida vegetariana, queda uno de los mejores expendios de carne del barrio Flores. Todas las mañanas la gente acude al templo a tomar sus clases de Hatha Yoga y en las tardes van a la otra esquina a comprar los cortes más jugosos para el próximo asado. Es cierto, es una contradicción en menos de 100 metros, pero estos contrastes son difíciles de percibir en una ciudad donde la paradoja es una constante. Una cuadra más adelante queda una parada del colectivo 132, donde se puede ver a la gente formada en fila esperando hasta 20 minutos la llegada del vehículo. Esto es una postal del civismo, un modelo de paciencia urbana, sin embargo cuando abordan el colectivo todos corren en estampida hacia los asientos disponibles dejando de pie a alguna mujer con sus hijos. Los que no tenemos tanta capacidad de espera y optamos por caminar, nos encontramos con una contradicción más desagradable: aunque la ciudad tenga muy pocos perros callejeros, las calles están minadas de excremento canino. Obviamente procede de perros malcriados que duermen con su amo y comen alimento premium. Si los dueños son tan buenas personas con los perros, ¿por qué son tan perros con las personas y no recogen lo que hacen sus mascotas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien sea en colectivo o caminando, tan pronto se ha conseguido la carne para el asado los contrasentidos no se quedan atrás. La despedida de alguno, la llegada de otro, un cumpleaños, la visita de una tía, una victoria de Boca, la caída de la bolsa de Nueva York, o el común acuerdo de unos amigos que desde hace tiempo no tienen motivos para celebrar, puede avivar la decisión de planear un asado. Bien podía ser preparar unas pizzas o tomar unas birras, pero cuando se cuenta con cortes de carne de más de 4 jugosos centímetros de ancho, bien vale la pena ser monotemático. Y es que un asado no se limita al hartazgo de carne de res, detrás hay una ritualidad gauchesca en la que todos participamos. Los invitados opinan sobre la cantidad exacta de carbón y leña que se debe colocar bajo la parrilla, también hablan de pasados asados en donde estuvieron y de todo el sabor que se le puede sacar a un riñón si se adoba de determinada manera. A pesar de estas acotaciones culinarias, el lugar del asador siempre es respetado. Él maneja los tiempos de cocción de las diferentes vísceras bovinas, por consiguiente también guía los temas de conversación. Durante la larga espera  – que se hace más larga al oír crepitar la carne sin comer nada - se habla de la última locura de Maradona, de la humedad en el clima y hasta se recuerdan algunas consignas peronistas; en fin, el tipo de temas que llegan a la cabeza de un hambriento común. Luego aparecen las achuras y los choripanes, y desde ese momento la boca tiene pocos momentos libres para expresar lo que un cerebro aglutinado por carne vacuna puede pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al rato vienen las tiras de asado, los bifes, el vacío y demás partes de la vaca que mi estómago recuerda mejor que mi memoria. Se suelen acompañar con pan y ensalada. Los nutricionistas aconsejan que por cada porción de carne se debe comer el doble en verduras, si esto se aplicara en un asado argentino cada persona debería devorarse media verdulería. Pero como todo encuentra su equilibrio, durante los últimos asados hemos contado con 3 colombianos vegetarianos, que se encargan de recibir toda la ensalada que no nos cabe a nosotros. Esta situación es un mutualismo perfecto. Para ellos es disfrutar de una buena cena con un grupo de carnívoros que reciben las toxinas por ellos. Para nosotros es como tener a alguien que nos haga la tarea mientras nosotros nos ocupamos del placer. Ellos felices, nosotros felices, los nutricionistas felices. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensemos un poco en la situación de mis 3 compatriotas. No comen nada que haya tenido alma, tampoco beben licor, a pesar de eso están disfrutando igual que nosotros de la comida y el desorden. Algo raro les debe estar pasando porque a muy pocos se les ocurre llegar a Argentina, un país reconocido por la calidad de sus vacas, y volverse vegetariano. Eso es como ir a una playa nudista y abstenerse de mirar o salir con Pamela Anderson y negarse a filmarla. Ellos mismos al momento de llegar a Argentina se convirtieron en una paradoja, pero ahí están felices, riendo a la par del más borracho de la mesa a punta de berenjenas y tomates salados. Ellos son los amigos que todos queremos tener, porque nunca competirán contra nosotros por la última morcilla de la bandeja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de 3 ó 4 platos de carne, con el estómago a tope y la mente vacía, se procede a desocupar las existencias de vino y cerveza. Generalmente cuando las botellas se abren aparece un genio o un idiota valiente – como el suscrito – que se las da de bardo tocando la guitarra. Lo bueno es que luego del frenesí etílico-alimenticio del asado, todos cantan y cualquiera puede ser el alma del festín. En ese instante los comensales se sienten un poco más unidos, y si antes faltaban motivos para festejar, ahora aparecen cual manada de vacas. El asado es un crimen compartido que deja un buen sabor de boca. Creo que este descubrimiento no es gaucho ni reciente, es factible suponer que los antiguos pobladores del mundo sabían que compartir carne los uniría, por eso en todas las culturas se inventaban dioses que exigían sacrificios. ¡Qué cómodos! Lo cierto es que al final del asado todos se comportan como viejos camaradas, a pesar de que con algunos sea la primera vez que se vean. Cuando el asado es de noche, esta unión circundante en la atmósfera influye para que los invitados empiecen a hacer planes inmediatos. Preguntan por boliches, espectáculos y parten hacia alguna fiesta donde se reunirán con gente que viene de otros asados con sonrisa de chinchulín. Los que no beben y se quedan en casa, tienen que arreglárselas para no ser uno de los infortunados que deben lavar los platos sucios. Cuando esa selección empieza a fraguarse yo ya estoy en algún expendio de licor o after asado - si se me permite la expresión - intentando que unas horas de movimiento apoyen mi digestión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente encuentro algunas bandejas sucias que muy amablemente me reservaron para lavarlas cuando volviera. Ni siquiera la hermandad del asado, el ritual de la vaca que nos unió, me puede eximir de tal responsabilidad. Mientras abro la llave del lavaplatos y agarro una de las bandejas,  pienso que siempre hay algo esperándonos al volver, bien sea después de un asado o de haber pasado un largo tiempo en otro país. Acá, invadido por el sueño y luchando contra la grasa vacuna de las bandejas, me llega a la mente la paradoja más grande y más feliz que descubrí en Buenos Aires. - Más brusca que la carnicería y el yoga, más irónica que un asado con vegetarianos. - Uno se va a otro país en busca de nuevas posibilidades, luego uno se convierte en extranjero y se da cuenta que más allá de los triunfos o las dificultades, la única posibilidad que siempre tiene abierta, es la del regreso.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-5824064588383562927?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/5824064588383562927/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=5824064588383562927' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/5824064588383562927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/5824064588383562927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/12/10-paradojas-asados-y-regresos.html' title='10- PARADOJAS, ASADOS Y REGRESOS'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-8879106780506153636</id><published>2008-12-01T23:04:00.001-02:00</published><updated>2008-12-01T23:06:35.704-02:00</updated><title type='text'>9- ADIÓS PAVLYUCHENKO</title><content type='html'>Durante un mes me acostumbré a levantarme después de mediodía con la cabeza puesta en 16 diferentes países a los que nunca he ido. Nombres como Sukur, Koller, Pavlyuchenko, se volvieron palabras recurrentes en la mayoría de mis conversaciones, haciéndome sentar frente a la pantalla con dotación de cerveza para 6 horas por día; luego fueron 4 horas, luego 2 y de repente nadie hablaba más de ellos. ¡Qué irresponsabilidad! ¿Qué se supone que debemos hacer con nuestras vidas los que seguimos minuto a minuto la Eurocopa de fútbol, después de que se ha terminado? ¿Acaso ningún medio pensó en lo vacías que quedarían nuestras vidas después de la final? El lunes siguiente a que España ganara la copa ante Rusia, me costó mucho no pensar en fútbol europeo. Yo sabía que se habían ido, que por más que lo deseara no volverían a jugar para mí, pero la ausencia que dejan en un seguidor de torneos sólo es comparable con el abandono de una novia. Digo comparable, porque a la novia uno la puede llamar de nuevo y entre mimos y tragos se puede gestionar un tiempo más de compañía. Pero con la Eurocopa es un absurdo. ¿A qué lugar de Rusia iba yo a llamar a Pavlyuchenko para decirle que no me abandonara en esas frías tardes de invierno? ¿Cómo lo convencía de que jugara una vez más contra Holanda o Suecia o contra quien le diera la gana y me regalará más horas de fútbol? Nada podía hacer. Había que afrontar la pena como todo un hombre, dejar las preguntas de lado y ser consciente que pueden pasar 2 ó 4 años antes de que vuelvan a traerle emoción a la vida de tanto desocupado. Durante esa semana veía algunos resúmenes del torneo, pero en lugar de reconfortarme me llenaban de nostalgia, porque recordaba lo feliz que había sido hace sólo unas semanas y pensaba en lo rápido que se me había escapado esa alegría. Si la Eurocopa fue un amor de vacaciones, los resúmenes eran los recuerdos de ese efímero romance. Ya no podía más. Unos amigos me recomendaron buscar algo que ocupara mi vida, que le impidiera a cualquier pensamiento cruzase por mi cabeza, así que contesté algunas solicitudes de empleo maquillando un poco mi perfil, y a los pocos días me llamaron a entrevista para trabajar de telemarketer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrañamente llegué puntual. Nos metieron a 16 aspirantes en una sala a contar qué hacíamos y por qué queríamos el trabajo (16 es el mismo número de equipos participantes en la Eurocopa. Hay que superarlo). Ya en la sala el asunto se puso interesante porque la gran mayoría eran chicas vestidas para vender lo que sea, era como ir a un boliche de día con la posibilidad de conocerlas a todas sin tener que inventarse excusas extrañas para hablarles y sin invitarles ni un solo trago. Luego de un rato me di cuenta que la cuestión se trataba de hablar, de no ser tímido, así que me bastaron dos apuntes graciosos para ganarme la simpatía del grupo y apoderarme de un lugar en ese proceso de selección. Al día siguiente me llamaron, de los 16 sólo quedamos 7, yo era el único hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al terminar los 2 días de capacitación conociendo las diferentes artimañas con las que un telemarketer puede venderle banda ancha a los hogares españoles, nos citaron a exámenes médicos para comenzar a trabajar. Al salir de los exámenes decidimos ir a desayunar a una cafetería cercana, y como yo ya me había vuelto uno más del grupo, no sintieron ningún obstáculo para hablar de sus asuntos en mi presencia. Entre café y medialunas se intercambiaban datos de infidelidades, de rituales de depilación, de los pormenores del desempeño sexual de sus novios, de las maniobras que usaban para que ellos hicieran lo que ellas querían, y todo frente a mis narices. Era como estar en un baño de damas con su consentimiento. Mis compañeras eran bastante directas, iban a la venta, en verdad tenían potencial de telemarketers. Esa mañana aprendí mucho sobre la forma en que las mujeres manejan a los hombres sin que nos demos cuenta, me hubiera gustado recordar todo lo que dijeron pero no me dejaron tomar apuntes. Esta ocasión también fue aprovechada por ellas para consultarme sobre las reacciones masculinas que las desconcertaban, ante lo que respondí con las frases que ellas querían escuchar: &lt;em&gt;“él no está preparado para ti”, “en el fondo él te valora”&lt;/em&gt; o la máxima&lt;em&gt; “creo que es mejor que busques alguien que te tome en serio”.&lt;/em&gt; Realmente no juzgué a ningún hombre, me limité a decirles los eufemismos necesarios para ganarme su confianza. Al rato nos fuimos a firmar contrato dejando en claro que el próximo fin de semana teníamos que salir todos juntos para celebrar el nuevo trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al momento de escoger el horario laboral, mi parte racional – la que pocas veces uso – tomó la decisión de que trabajar en la mañana era lo mejor porque me permitía tener la tarde libre para estudiar, escribir y buscar un mejor trabajo. Así que al día siguiente tenía que entrar a las 7:00 am., es decir levantarme a las 5:00 am., es decir acostarme sin ver Los Simpsons. Bueno, todo tiene un precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé a qué hora empezó a sonar ese despertador pero cuando abrí los ojos ya eran las 8:30 am. ¡Mierda, mi primer día y llego 4 horas tarde! Era lógico que pasara porque llevaba un mes con horario de Eurocopa, pero si mi jefa no conocía a Pavlyuchenko, jamás me entendería. Igual fui y puse la cara. Mi jefa – una gordita hiperactiva que aplaudía cada vez que alguien vendía – fue bastante comprensiva y me asignó un cubículo con audífonos (bincha) para las llamadas, una computadora para ver la base de datos, un teclado telefónico para marcar a España y un espejo de afeitar para que viera mis gestos ante el teléfono, porque según ella el cliente puede percibir por el teléfono las muecas que yo le hago mientras le hablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice mis primeras 10 llamadas con toda la cortesía del caso, tal como estaba escrito en un guión que nos entregaron durante la capacitación, pero aún así nadie quería hablar con un telemarketer, por lo que recibí varios desplantes telefónicos por parte de los españoles. Incluso uno me pidió que anotara su nombre y que le dijera a mis demás compañeros que no lo llamaran a él, porque no iba a comprarles nada. Después de la llamada 15 yo sólo quería cobrar mi salario básico y largarme sin ninguna comisión, insultando a todos los españoles que no querían hablar conmigo. Ya era experto en ignorar el dilema moral que me causaba decirles &lt;em&gt;“su línea ha sido favorecida con una reducción de costo”&lt;/em&gt;, omitiendo que después de 3 meses pagarían tarifas mucho más altas.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Son las 12:00, nos vemos mañana a las 7:00 am.&lt;/em&gt; – me dijo mi jefa. –&lt;br /&gt;Esa fue una orden que no tuvo que repetirme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente llegué a las 11:00 am. y luego a las 10:00 am. Hice mi mayor esfuerzo pero convencer a unos españoles de que compren internet no es suficiente motivación para que yo me levante a las 5:00 am., así que no tuvieron más remedio que prescindir de mis servicios al tercer día. El jefe de personal estaba esa mañana esperándome, tan pronto me vio me dijo:&lt;br /&gt;-    &lt;em&gt;      ¿Vos sos Alejandro Cortés?&lt;br /&gt;-          Sí, soy yo.&lt;br /&gt;-          Che, te estaba esperando desde las 7 para hablar con vos.&lt;br /&gt;-          Yo también necesito hablar contigo. No puedo cumplir con el horario de la mañana, pásame a la tarde.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Él guardó silencio por 10 eternos segundos y comenzó su sermón muy exaltado.&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;         ¡Ya no se puede! Este es un trabajo serio donde tenés que cumplir normas básicas de…&lt;br /&gt;-          Bueno, entonces muchas gracias y disculpa las molestias.&lt;br /&gt;-          Una cosa antes de que te vayas. ¿De qué país sos?&lt;br /&gt;-          Mmmmm.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Esa pregunta para mí significaba &lt;em&gt;“huye colombiano”.&lt;/em&gt; Regresé a mi casa con la satisfacción de no tener que engañar a más españoles para que compren internet, pero también había perdido la oportunidad de ganar algún dinero. Me preparé un café, me senté frente a la tele y obviamente la Eurocopa no estaba. Habían comenzado los Juegos Olímpicos desde Beijing. Desfilaron nadadores norteamericanos, jugadoras de hockey argentinas, velocistas jamaiquinos. ¡Qué bueno volver a tener el tiempo para poder verlos romper records! No me importaba si lo lograban, lo fundamental era que en 5 minutos de transmisión me había olvidado de los desplantes de los españoles, de no haber llegado hasta el fin de semana para concretar algo con las telemarketers, de colocar el despertador a las 5:00 am. con la esperanza de escucharlo al día siguiente. ¿Qué sería del hombre sin el deporte? Destapé una cerveza, me senté a ver a las atletas rusas. Una de ellas, la más rubia de todas, se me pareció físicamente a un jugador de la selección rusa de fútbol. Un tipo de apellido Pavchenko o Livchenko o algo parecido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-8879106780506153636?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/8879106780506153636/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=8879106780506153636' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/8879106780506153636'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/8879106780506153636'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/12/9-adis-pavlyuchenko.html' title='9- ADIÓS PAVLYUCHENKO'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-5501862868092985414</id><published>2008-11-24T23:37:00.001-02:00</published><updated>2008-11-27T12:21:36.848-02:00</updated><title type='text'>8- SESIÓN DE LIMPIEZA</title><content type='html'>Se habla mucho de lugares, de caminos por recorrer, de hazañas que cuestan sudor y lágrimas, pero las herramientas para ir en su búsqueda frecuentemente son ignoradas, como consecuencia de la falsa premisa de que la rutina no tiene nada que enseñarnos. Es medio bizarro, pero cuando llego a casa con la ropa transpirada siento que ese fue un día de lucha, me siento mejor conmigo mismo porque hice un gran esfuerzo por lograr alguna cosa. Eso no significa que los días que no se transpira tanto se viva menos, sólo que disminuye la sensación de regresar de un combate. Es como cuando los niños llegan del colegio con las rodillas verdes por jugar fútbol, posiblemente no ganaron, pero se nota que se esforzaron por no perder. Al volver a casa con esa sensación de gladiador en recreo, nos tendemos sobre la cama lanzando la ropa usada lejos de nosotros. Es injusto. Ese fue el uniforme que nos ayudó en la lucha de hoy, no merece un trato tan mezquino. Al otro día todo va a parar a una gran bolsa con otra ropa acumulada y queda en manos de un chino o de cualquier otro extraño que atiende la lavandería. Cuando mi atuendo de combate vuelve de su proceso de limpieza parece que entendiera que lo he abandonado porque llega con una talla menos, como si el dueño de la lavandería hubiera ajustado la ropa para sí mismo. Actualmente mis camisetas favoritas son ombligueras, por lo que tengo muchas bonitas pijamas y poca ropa decente para ponerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agarré la primera remera del cajón y me alisté rápidamente para mi clase de yoga – iba tarde como de costumbre – entonces me detuve un momento y pensé que la única tensión del día era llegar antes de las 11:00 a la esquina de mi casa donde recibía la clase. ¡Vaya! Ya era justo, después de tantos años corriendo desde las 5 de la mañana al gimnasio, trabajo, reuniones, almuerzos, preparar 1 campaña por día y salir a tiempo para cumplir algún capricho de la novia de turno, ya era hora que un poco de relax se me apareciera por sorpresa. Esa mañana llegué más tarde que nunca a clase de yoga, y cuando salí completamente limpio de tensiones, quise averiguar cómo era ese proceso de limpieza con mi ropa, porque de vez en cuando es bueno darle a la rutina la oportunidad de que nos cuente algo interesante. Agarré la bolsa que usualmente le entregaba a la peruana en Varela y Falcón, y la llevé a la otra esquina donde estaban las máquinas de autoservicio de lavado. Yo mismo iba a ser testigo de la sesión de yoga de mi ropa. Al llegar allá me encontré con un ama de casa que llevaba un coche de bebé con mucha ropa sucia, ella me remitió a la administradora, y entre las dos me indicaron que metiera mi ropa en la lavadora número 8 llenando los recipientes para el jabón, el suavizante y otra cosa que no me acuerdo que era. Me sorprendió eso de suavizante. Yo creía que el algodón de la ropa era suave por naturaleza, que no teníamos que esforzarnos para que fuera suave. Pero la industria y su consumismo desmadrado, ese que nos ha llevado a comprar productos como shampoo para alfombras y galletas especiales para gatos en crecimiento, ahora me obligaba a usar suavizante en mis camisetas. Nunca me he puesto una camisa pensando “¡oh qué suave está!” o unos bóxer pensando “están muy ásperos, maltratan la piel de mis nalgas”, por lo que me pareció bastante risible la existencia de este producto. Yo le pregunté a la administradora qué pasaba si no le aplicaba el suavizante, ella respondió que no sabía porque nadie se había atrevido a rechazar su uso. Esa mentira publicitaria ya estaba tan intrincada en la gente que mis preguntas les parecieron inapropiadas, así que para no continuar filosofando le puse el ya nombrado cosmético textil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras pasaban los 30 minutos del lavado me puse a hacer lo que hacía las señoras del lugar: leer revistas de farándula. Los chismes de las telenovelas, las infidelidades de sus protagonistas, las infidencias de sus managers, todo tratado con el amarillismo más prosaico posible. En una página entrevistaban a una actriz que abrazaba a su mascota y el titular era &lt;em&gt;“Desde que me divorcié tengo más tiempo para mi perro”.&lt;/em&gt; En la página siguiente una actriz más joven que posaba gateando en la playa, su titular era &lt;em&gt;“Tengo mucho amor para dar, lo que pasa es que no he tenido suerte escogiendo a quién dárselo”.&lt;/em&gt; ¡Vaya! si este es el material literario de estas señoras, con razón creen que necesitan de un producto adicional para que el algodón sea suave. Ahora entiendo por qué la mitad de las campañas publicitarias que he hecho, están pensadas para el horario de las telenovelas. Acá se puede vender cualquier cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo este razonamiento y el movimiento hipnótico de la ropa en la lavadora ya me estaban alienando con el entorno, sin darme cuenta me había leído 3 notas de esas revistas y había consultado mi horóscopo. Por suerte la ropa ya estaba lavada, ahora había que pasarla a la secadora, colocarle una ficha (cospel) y esperar 3 minutos. Este simpático artilugio que reemplaza las 18 horas de tendedero bajo el sol, es el encargado de dejarme la ropa de enano. ¿No sería más útil que crearan algo que impidiera que se encogiera la ropa durante el secado, en lugar de un suavizante?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se secaba la ropa le pregunté a la administradora por el tipo de gente que espera a que su ropa sea lavada en lugar de entregarla en una bolsa y recogerla horas después. ¿Para qué invertirle tiempo a esperar a que la ropa se lave, si tienen que pagar lo mismo? Ella me dijo que hay muchas personas a las que no les gusta que alguien les toque la ropa, muchos de ellos son hombres. Comprendo que lo hagan algunas mujeres como la que estaba en la lavadora de al lado, porque lleva ropa de bebé y quiere protegerlo de cualquier infección. Pero un hombre haciendo esto con su ropa, de qué enfermedad piensa protegerse.&lt;br /&gt;He visto en películas que algunos homicidas después de deshacerse del cadáver de su víctima, lavan su ropa en autolavados. En otra vi a un tipo hacerlo porque había pasado la noche en un prostíbulo y no quería llegar a su casa oliendo a orgasmo público. Pero si no son asesinos, ni estuvieron con putas, ni tienen problemas en la piel, no entiendo el grado de obsesión de los clientes de este lugar. Aclaro que yo estoy haciendo una investigación, por lo cual no entro dentro del target.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mediodía me fui con mi ropa limpia y con mi cabeza más relajada que cuando salí de yoga. Estuve una hora con la mirada perdida en el remolino de prendas de la lavadora, sin mayores preocupaciones que las del suavizante y los divorcios de farándula. Las señoras del lugar se despidieron muy amablemente de mí, como cuando de niño acompañaba a mi mamá a la peluquería y sus amigas me daban besos y caramelos. Lavar la ropa es una necesidad, es más barato que una clase de yoga y no hay que hacer ejercicios de estiramiento tipo faquir. Creo que ya sé porque a los hombres del barrio les gusta lavar su ropa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-5501862868092985414?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/5501862868092985414/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=5501862868092985414' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/5501862868092985414'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/5501862868092985414'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/11/8-sesin-de-limpieza.html' title='8- SESIÓN DE LIMPIEZA'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-7889630563611095141</id><published>2008-11-18T00:53:00.001-02:00</published><updated>2008-11-18T00:56:22.490-02:00</updated><title type='text'>7- TROPICAL DARK</title><content type='html'>Ser extranjero no sólo es pasear, reírse de lo habitual y mirar el mundo como si estuviera bajo un microscopio. También acarrea responsabilidades. Uno se convierte, sin quererlo, en un embajador de su país. En mi caso todo lo que hacía, decía u omitía, no se veía hecho bajo mi nombre sino bajo mi nacionalidad. ¿Quién dejó los platos sucios? - El colombiano ¿Quién llegó tarde a clase? El colombiano - ¿Quién llegó borracho anoche? Sí, el mismo. Esa es una responsabilidad muy grande a la que ningún extranjero puede negarse a cumplir, porque es probable que los habitantes locales conozcan a pocas personas que provengan de nuestro país, por lo que estamos condenados a ser los constructores de la imagen que se formen de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez consciente de esta obligación empecé a asumirla con la gallardía que la patria me lo exigía. Cuando estaba sobrio hablaba de lo amable y cálida que es la gente de mi país, cuando estaba ebrio se me alborotaba la capacidad para simular acentos - entonces decía que era Checo o Mexicano - dejando la vergüenza fuera de mis fronteras. Pero ahí no cesaban las responsabilidades como ciudadano de Colombia. Había una de la que realmente no tenía escapatoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En boliches y en reuniones de amigos ser colombiano me comprometía a tener un doctorado en bailes tropicales con cierta predisposición para la cumbia, el meneíto o el pegajoso reggaetón. Entiendo que eso lo piensen los europeos o los argentinos, porque las imágenes de playa, brisa y mar llegan copiosamente desde Colombia. Lo que me cuesta comprender es que personas de países vecinos al mío, donde compartimos un similar estilo de vida, sigan pensando que debo ser un embajador subtropical. Al norte de Suramérica pasan muchas cosas fuera de las playas. Tenemos autopistas que perforan montañas, edificios de 50 pisos, festivales de música electrónica, tecnología más avanzada y más barata, contamos con diversos aires folclóricos que no tienen nada que ver con las camisas de flores. Incluso en Bogotá se realiza Rock al Parque - el festival de rock gratuito más grande de Suramérica - pero parece que todo eso se opaca cuando suenan las congas y las trompetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras salidas en grupo generalmente terminaban en sitios con pregones de Celia Cruz o Don Omar. Yo no tengo nada en contra de ellos, por el contrario respeto su trabajo porque representan a un amplio grupo de personas. Lo que me incomoda es que este manto musical sea usado para generalizar a todos los habitantes de un país, cubriéndome con sus pasos de carnaval. Pero bueno, soy colombiano, y si algo nos caracteriza es divertirnos en cualquier ambiente, no importa que tengamos que burlarnos de nuestro propio infortunio. En ese momento una chica argentina dijo las palabras mágicas para que olvidara temporalmente mi dilema de rockero tropical &lt;em&gt;- ¡Che colombiano vení que vos sí sabés cómo se baila esto!&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;No sé qué pasó con mi cadera. Hice los mismos movimientos torpes que me hacían quedar en ridículo en los bailes de mi familia, sin embargo acá parecían tener más ritmo que los de cualquier otra persona. De repente me vi rodeado por gente que festejaba mis movimientos, incluso hasta les enseñé los 3 pasos que sé de salsa. Yo juraba que el don del baile me había sido negado pero acá yo era el señor Caribe, el latinlover importado, el plato exótico servido sobre la pista. Gracias a eso pude soportar esta tortura musical por una hora más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan pronto como vi cumplido mi compromiso con los bailes que se supone debo dominar, huí como ratón de panadería hacía cualquier sitio que me permitiera sacudirme del azúcar dancístico del que era víctima. Caminé por la Avenida de Mayo cruzando la 9 de Julio y encontré un sótano del que salían las notas graves de Icon of Coil. Rock lúgubre, desde un subterráneo, el sitio se llamaba Requiem, entraban entes uniformados con mayas negras y piel pálida. El lugar me pareció un hueco de lo más clandestino con más gárgolas que gente. Era justo lo que necesitaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adentro el asunto mejoraba. Paredes y techo formaban una gran caja negra dentro de la cual había una pista de baile con el casting completo de &lt;em&gt;Entrevista con el Vampiro&lt;/em&gt;. Sus movimientos eran aletargados, con el vaivén característico de los que no esperan nada. Para ese baile realmente soy bueno. Nunca he sido fanático de los lugares de moda que exigen una fila previa de una hora - me parecen impersonales – son sitios a los que la gente acude para poder decir en una futura conversación &lt;em&gt;“yo estuve allí”.&lt;/em&gt; Me siento más cómodo en un bar sin trascendencia que refleje el verdadero espíritu del rock, sin importar que su baño sea menos agradable que el de Trainspotting. Un lugar al que sólo yo le encuentre encanto. Requiem, aunque era fatal para llevar una novia decente, ya se estaba ganando mi simpatía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me acerqué a la barra noté que los tragos llevaban los nombres de grupos de Rock Gótico o Dark Wave. No tuve que pensarlo mucho, dije casi gritando &lt;em&gt;–“ Un Depeche Mode por favor”.&lt;/em&gt;           Antes de que me entregaran el trago ya se me había acercado una chica para preguntarme              &lt;em&gt;– ¿Ché de dónde sos?&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;¡Qué maravilloso! – Pensé - El acento colombiano había llamado la atención. Ya era hora de que mi nacionalidad me sirviera para algo que realmente me gustara. Yo le dije que era colombiano, lo que dio pie para la peor chiste de la noche       &lt;em&gt; - “¿Y qué hacés acá colombiano? Los boliches de cumbia quedan cruzando Avenida de Mayo”.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;¡Era el colmo! Hasta en esta cueva de zombis me perseguía el halo tropicomusical de mi país. ¡Ya basta! ¡Estoy en un agujero en la tierra y aún así me recuerdan a Shakira y a Totó la Momposina! Luego de un rato el malentendido se disolvió con licor y risas. Bajo la escasa luz púrpura ella me parecía linda, pero no tuve el valor de esperar a que amaneciera para verla a pleno rayo del sol. Me fui de Requiem con un buen recuerdo de ella, no quería que el día me lo echara a perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me levanté me preparé una ensalada con banana, fresas, melón, queso, yogur y un poco de cereal que encontré por ahí. Alguien en casa me dijo que mi desayuno le parecía bastante tropical. De nuevo esa palabra carnavaleándome la vida, pero esta vez ya no me molestaba. Ser de Colombia no me obliga a bailar cumbia, salsa o vallenato, pero sí me compromete a ver el mundo con la alegría cínica y el desparpajo propios del trópico, de otra forma sería imposible sonreír tan seguido. ¡Vaya! me sentí satisfecho con mi responsabilidad patria. Incluso la ensalada tenía un mejor sabor, pero no alcanzaba a ser tan rica como el salpicón de frutas que venden en el parque Simón Bolívar, antes de entrar a Rock al Parque.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-7889630563611095141?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/7889630563611095141/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=7889630563611095141' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7889630563611095141'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7889630563611095141'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/11/7-tropical-dark.html' title='7- TROPICAL DARK'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-236643136500346314</id><published>2008-11-11T11:18:00.001-02:00</published><updated>2008-11-11T11:19:40.008-02:00</updated><title type='text'>6- EL SÍNDROME DEL HIPÓDROMO</title><content type='html'>Eso de ser el más joven en llegar a un determinado grupo, es de los gustos más grandes que se pueden sentir a temprana edad. Los experimentados generalmente tratan de vapulear la prontitud con que el menor se ha acercado al sitio donde están, asumiendo una actitud sobrada, casi paternal, que envenena cada una de sus frases con un claro trasfondo: &lt;em&gt;“nene, yo ya pasé por ahí”.&lt;/em&gt; Sin embargo ellos saben que el joven tiene más tiempo para profundizar en lo que están abordando. Se podría decir que adquiere una licencia para cometer errores,  eso es algo que el veterano no puede permitirse. Cuando era menor de edad y comencé a estudiar leyes en horario nocturno, experimenté esa sensación, que para facilitar la lectura que nos compete voy a bautizar como el “Síndrome del joven del grupo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es un síndrome bastante peligroso. Inicialmente nos eleva a un podio de narcótica irresponsabilidad, haciéndonos extender el lapso que tenemos para llegar a cualquier lugar y para perdernos en su búsqueda. Luego vemos que ese periodo de gracia se extingue, dejando a otros con el mismo síndrome ocupando nuestro lugar. Como el reloj no se puede girar hacia la izquierda, traté inconscientemente de acercarme a volver a ser el joven del grupo. Creo que esa fue la razón menos ortodoxa que encontré para ir al hipódromo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo vengo de una ciudad donde su único hipódromo desapareció hace muchos años, dejándonos esta palabra como nombre del barrio en el que alguna vez estuvo ubicado. En ese barrio vivían mis primos y cuando niño pasaba vacaciones allí, por eso creo que la palabra &lt;em&gt;hipódromo&lt;/em&gt; algún terreno afectivo ha ganado en mí. Sin embargo ya era hora de sumarle imágenes y experiencias al significado infantil que le daba a este sustantivo, así que aproveché que una amiga recién había llegado a Buenos Aires y me la llevé al Hipódromo de Palermo. Digo “aproveché”, porque no es fácil encontrar cómplices para ir a ver a un grupo de viejos gritándole a unos caballos, pero en aras de la experimentación bien vale la pena. Dentro de mi escaso imaginario en el mundillo de las apuestas, pensaba que iba a encontrar un ambiente similar al de un gran bingo, sólo que con fichas de cuatro patas cabalgadas por coloridos enanos, pero otra vez la opulencia se atravesaba para humillarme con una construcción digna del más aristócrata campus universitario. La fachada conservaba la estructura neoclásica imperante en la ciudad y el interior tenía pasillos amplios perfectamente señalizados, con toda la tecnología necesaria para perder el dinero con altura. No cabe duda, este era el Harvard equino, el lugar más fashion para cualquier bestia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La clase demostrada por cada uno de los caballos contrastaba con el rudimentario aspecto de sus dueños; pareciera que entre más fino fuera el pelaje del animal, más burdo era el comportamiento de su propietario. Entonces fijamos nuestra atención en los animales para decidir a cuál le dábamos los 5 pesos de nuestra apuesta, pero a simple vista todos se parecían arreglados como para un videoclip de Vicente Fernández, por lo que dejamos el asunto a la suerte. Mi amiga dijo oito – era brasilera - y como camino al hipódromo se había encontrado una moneda en el suelo, yo supuse que tenía buena suerte, entonces le apostamos al 8. Luego en las tribunas los apostadores seguían en simultáneo las carreras de los hipódromos cercanos a través de pantallas planas; tenían revistas arrugadas, lápices mordidos, muchos cafés encima, dislocándose los nervios cada vez que un caballo llegaba a la línea de meta. Mientras aguardábamos a que comenzara nuestra carrera nos sentamos a tomar un café, creo que éramos las únicas personas con los nervios equilibrados en ese lugar, además de los más jóvenes. Otra vez ese síndrome del joven del grupo me acompañaba, lo que me provocaba una carcajada cínica en medio de tanta angustia. Nunca he sido muy seguidor de las apuestas, porque el dinero que se puede ganar en una ya se ha gastado en numerosos intentos fallidos. Sin embargo cuando empezó nuestra carrera, no pudimos evitar emocionarnos con los últimos 5 segundos, a pesar de que el caballo 8 llegó 3 segundos después del penúltimo. Era entretenido ver como a los apostadores les incomoda estar en calma. Si pierden están preocupados por lo que se les ha escapado, si ganan están nerviosos porque al día siguiente pueden perderlo todo. Yo no perdí gran cosa, por el contrario, gané porque sólo me costó 5 pesos averiguar que los brasileros se dedican al fútbol debido a su mala suerte para las apuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al final de la carrera los jinetes se bajaron de sus caballos y pude comprobar que su escasa estatura no se debía a una ilusión óptica. Yo había visto en un capítulo de Los Simpsons que estos personajes hacían parte de una oculta comunidad de enanos del bosque que le exigían a Homero perder la carrera, pero al verlos de frente y darme cuenta que en verdad son minúsculas manchas de exagerada coloración, me preguntaba de qué bosque habían salido. Los Bosques de Palermo están muy cerca de acá, quizás allí opere su cuartel central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Generalmente quienes alguna vez vivimos el síndrome del joven del grupo, omitimos pensar que muchos de los experimentados también lo sintieron. Creemos que esta satisfacción inconsciente a causa de la edad es un don natural que jamás nos abandonará, por eso es bueno que cuando nos sorprenda la ausencia de sus síntomas, busquemos un espacio donde lo volvamos a experimentar, al menos por una tarde. Esta conducta bien puede llamarse&lt;em&gt; el síndrome del hipódromo, el del club de bridge o el de la partida de dominó.&lt;/em&gt; Es posible que también seamos los más jóvenes en llegar al geriátrico, así que más vale tener acumuladas muchas experiencias con esta particular sintomatología. Con esto no pretendo incursionar en terrenos terapéuticos, ni dejar un mensaje a quienes ahora son los jóvenes del grupo; sé que algún día se verán jugando naipes o parqués con las amigas de la abuela, ojalá para entonces hayan desperdiciado su vida tan placenteramente como yo he hecho con la mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando todos se preparaban para la siguiente carrera, conversamos con algunos apostadores para entender un poco más sobre aspectos hípicos. Yo me estaba entusiasmando para apostar otra vez - obviamente sin consultarle el número a nadie - pero me abstuve porque me di cuenta que si ganaba tendría más ganas de seguir apostando y si perdía continuaría intentándolo. Para algunas cosas es mejor no ser persistente, estar sufriendo por las piernas de un caballo es una de ellas. Decidimos abandonar cualquier pregunta sobre las carreras, porque entre más conocimiento hípico se tenga, mayores serán las ganas de apostar. Este es de los pocos casos en que la ignorancia puede ser redentora, y debo admitir sin falsa modestia, que para ignorante tengo facultades.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-236643136500346314?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/236643136500346314/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=236643136500346314' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/236643136500346314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/236643136500346314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/11/6-el-sndrome-del-hipdromo.html' title='6- EL SÍNDROME DEL HIPÓDROMO'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-7230977934633011016</id><published>2008-11-04T04:55:00.005-02:00</published><updated>2008-11-05T03:31:38.770-02:00</updated><title type='text'>5- EL ÁNGEL GRIS</title><content type='html'>Mudarse lejos de la zona turística de la ciudad es fundamental para conocer el verdadero ritmo de sus habitantes, porque el grueso de la población no está frecuentando boliches de moda o comiendo trozos diarios de bife de chorizo, sino que se encuentra ocupada haciéndose un lugar en el país, mientras descansa en barrios tradicionales a espaldas de la voluptuosidad porteña. Esta búsqueda de Buenos Aires sin maquillaje, me llevó a vivir en el barrio de Flores. Un lugar tranquilo con comercios populares, escuelas públicas y gente que va a las misas de domingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué a una casa grande. Una pensión llamada &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Ángel Gris&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, en la que cada habitación era un nuevo país porque cada uno de sus huéspedes compartíamos diferentes nacionalidades. Luego descubrí que además tenían una historia escrita en plaquetas de madera, debido a que los dueños se habían puesto a la tarea de bautizar cada espacio de la casa. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;La Habitación de los Objetos Perdidos&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; le correspondió a un chico de Brasil, que tiempo después extravió su documento de identidad investigando la vida nocturna de la ciudad. La &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Habitación de los Amores Imposibles&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt; estaba vacía, pero luego fue ocupada por una italiana y un chileno que en menos de 3 meses tenían que despedirse porque ella regresaba a su país. La &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Sala del Gato Inspirador&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, frecuentada por un felino bisexual - siempre lo llamamos Joaquín pero su dueño le decía Sofy - que era el único que me saludaba cuando llegaba después de las 2:00 am. Ya no me pareció tan simpático eso de la poética inmobiliaria, por el contrario empezó a causarme intriga la particular manera en que se relacionaba el espacio con sus ocupantes. La mía era la &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Habitación del Caminante&lt;/strong&gt;,&lt;/em&gt; así que estaba a punto de comenzar una investigación tipo “Mythbusters”, a ver qué carajos tenía que ver conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que había caminado mucho por esos días, incluso una tarde fui desde Palermo hasta Microcentro valiéndome de mi propia locomoción, pero ¡quién no camina buscando casa en Buenos Aires! Tenía que haber algo más profundo en el fondo. La plaqueta de madera de mi habitación, además tenía el fragmento de una historia que contaba que alguien llamado Dorkas estaba bajo un hechizo cósmico que le impedía detenerse. Los dueños de casa me explicaron que los nombres e historias de las habitaciones correspondían a fragmentos del libro &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Crónicas del Ángel Gris &lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;de Alejandro Dolina, por eso la pensión se llamaba así. ¡Qué bien! ya estaba claro mi siguiente paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El escenario de este libro es el barrio Flores de Buenos Aires y se compone de leyendas enmarcadas en muchas de sus calles. Según cuenta el libro, cada barrio tiene un ángel o guardián mítico; el nuestro es un ángel pobre, con la ropa un poco sucia, que hace milagros menores y recorre las calles durante la noche repartiendo los sueños de sus habitantes. Las personas que creen en el ángel gris se llaman “los Hombres Sensibles”, y como recompensa reciben buenos sueños; quienes niegan su existencia son “los Refutadores de Leyendas”, en castigo jamás recuerdan lo que sueñan. Entre sus leyendas cuenta que cerca de la calle Artigas los Hombres Sensibles crearon el Vino del Recuerdo, para poder rescatar al pasado de la muerte; sin embargo los Amigos del Olvido, un grupo con sede en el barrio vecino de Caballito, crearon el Licor del Olvido, porque para ellos todo recuerdo era triste. Estos últimos ganaron la pelea gracias a que la memoria es perecedera mientras que el olvido tiene como aliado al tiempo. Sin embargo este fue un triunfo sin festejo, porque al olvido nadie lo recuerda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otros capítulos nos habla del carnaval de la tristeza que hacían en la calle Caracas, de la entrada al infierno que quedaba en el sótano del bar La Perla de Flores, del Hotel de los Muertos en la calle San Blas, de los besos invisibles que les daban a los jóvenes en la calle Bacacay. Toda esta ficción porteña iba hilada por un caminante, el señor Tamas Dorkas, que había sido hechizado por una bruja, a jamás detenerse. Su misión era descubrir los secretos del barrio Flores y así dejar de ser un caminante permanente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ese asunto de estar hospedado en la &lt;strong&gt;&lt;em&gt;Habitación del Caminante&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, me agradaba más. No solo por la encantamiento que el libro le atribuía al barrio o por la impecable manera como estaba escrito, sino porque el caminante era el eje central de todas las historias. Estaba en la habitación más emblemática de Flores, al mismo precio de cualquier otra del barrio; además tenía balcón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero más allá del libro ¿qué tenía que ver el rótulo de caminante conmigo? ¿Qué tan caminante soy? Es verdad que me gusta recorrer las calles a pie mientras me fumo un cigarrillo, prefiero ahorrar para viajar y no para comprarme un auto de oficina, la mayoría de mis novias han tenido piernas fuertes, me gusta explorar diferentes ciudades y países para sentirme más habitante transitorio y menos turista, tengo poca suerte con las chicas de zapatos altos. Sin embargo ninguna bruja me ha hechizado, aunque al final del libro plantean que toda mujer que nos abandona se convierte en bruja. Bueno, tal vez me hacía falta llegar a esta habitación para darme cuenta que sí soy uno de esos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya que fracasé como desmitificador de historias, puedo resaltar la atmósfera que envuelve toda la casa. Era como si el propio ángel gris se tomará la molestia de ambientar las mañanas con música chacarera sintonizada de una emisora de A.M., que funcionaba según su propio capricho. Aunque fuera invierno, el sol siempre se las arreglaba para entrar tangencialmente sobre las verduras de la cocina y la biblioteca, justo en la misma dirección donde están los echaderos del gato. Todos los que llegaban acá resultaban ser lectores, músicos, catadores etílicos, eruditos de la cocina o hasta los 4 juntos. No sé si el ángel haya estado ensayando algún milagro con nosotros, pero por lo menos nos daba un pretexto literario para beber vino y hacer asados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi objetivo de vivir en la Buenos Aires sin disfraz, se había cumplido en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;El Ángel Gris&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Acá uno termina por acostumbrarse a estar en camino, sin pensar en lo rápido en que el punto de llegada se convierte en despedida. Sin embargo cada vez que alguien se marchaba algún milagro menor ocurría, haciéndonos sentir a nosotros mismos como un hospedaje de paso para los demás. Definitivamente yo no podía haberme hospedado en un lugar diferente a este. Espero volver a escuchar la emisora mal sintonizada y a tropezarme con el gato en la madrugada, pero en un cuarto con menos peso histórico. Creo que la &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Habitación del Regreso &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;estaría bien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-7230977934633011016?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/7230977934633011016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=7230977934633011016' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7230977934633011016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7230977934633011016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/11/5-el-ngel-gris.html' title='5- EL ÁNGEL GRIS'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-7760055848933788104</id><published>2008-10-27T10:22:00.001-02:00</published><updated>2008-10-27T10:23:58.148-02:00</updated><title type='text'>4- NI MARADONA NI PELÉ</title><content type='html'>Siempre que un argentino se encuentra con un brasilero, tarde o temprano se cae en un tema de discusión bastante recurrente: ¿Quién fue más grande, Maradona o Pelé? Los argentinos dicen que Pelé era un negrito que jugaba hace muchos años cuando la gente todavía no entendía el fútbol, mientras que El Diego jugó con los grandes en su mejor momento siendo campeón de clubes no sé cuántas veces y anotando no me acuerdo cuántos goles. Ante ese plomazo de argumento los brasileros simplemente sonríen y añaden: “¿Cuál Maradona, el gordito drogadicto o el que mete goles con la mano?”.&lt;br /&gt;Acá la cosa empieza a calentarse y puede llevar horas terminar el debate, no porque uno se imponga sobre el otro, sino porque el cansancio los vence a los dos. Esto sucedió repetidas veces en mi casa, por lo que aprendí que en esos momentos lo mejor es destapar un litro de cerveza, ofrecerles un vaso para que se refresquen y tomarse el resto disfrutando del espectáculo. A veces se dan cuenta de que los observo con una risa inmune mientras ellos sufren sus agravios, entonces les pido dinero para traer otras cervezas y digo algún comentario que avive más la discusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desafortunadamente todo en esta vida se paga, por eso se inventaron las eliminatorias al mundial de fútbol. Debido a que vivo con un uruguayo, una argentina, un brasilero, un chileno, una italiana y una pareja de colombianos, además de los amigos gauchos que frecuentan la casa, un día antes de las eliminatorias todos nos programamos para verlas juntos y enfrentarnos sin mayores consecuencias. A todos, incluyéndome, se nos enciende un sentimiento patrio por respaldar a ciegas a nuestros seleccionados, aunque debo admitir que yo estoy mejor preparado, porque para los que seguimos el fútbol colombiano la derrota es una acompañante habitual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo tengo claro que desde que se fue el Pibe Valderrama el fútbol colombiano entró en un periodo de transición, pero llevamos más de 10 años en transición y nada que pasamos a primaria. Durante los partidos todos hablan de los goleadores de sus seleccionados y de los equipos europeos en los que juegan; yo quiero entrar en la conversación pero me siento un poco apátrida porque no conozco a ninguno de mi país. Luego llegan los resultados finales y entiendo que mi ignorancia en goleadores colombianos está tristemente justificada:&lt;br /&gt;Colombia 0 Uruguay 1 – Chile 4 Colombia 0 – Colombia 0 Paraguay 1 - Brasil 0 Colombia 0.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al comienzo de cada partido había una vocecilla interna. Esa misma que dice “esa chica no te conviene”, “no bebas demasiado” o “no apuestes el dinero”. Las primeras dos recomendaciones siempre las escucho tarde, pero gracias al cielo la última sí la escuche a tiempo. Hubiera sido lamentable que la falta de gol de mi equipo se hubiera convertido en una falta de efectivo para mi bolsillo. Estando fuera del país el sentimiento nacionalista se hace más fuerte, logrando la exaltación de ciertas cosas colombianas que en mi tierra no me interesaban tanto. El fútbol es una de ellas, por eso fue difícil abstenerse de las ganas de apostar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas manifestaciones repentinas de nacionalismo, usualmente aparecen de la manera menos convencional. Recuerdo que una noche estaba sin nada qué hacer, entonces me puse a la tarea de ver comerciales divertidos en You Tube. Vi muchos de diferentes países, algunos mejores que otros, pero yo estaba muy aburrido así que necesitaba algo más divertido que un comercial. Necesitaba como que unos amigos vinieran y me contaran chistes con el único objetivo de la carcajada pura. Sin marcas, sin productos, sin mercadeo de fondo. Entonces sin darme cuenta estaba viendo videos del programa Sábados Felices, totalmente enajenado por la más idiota de las risas. En Colombia a veces veía ese programa cuando visitaba a mi abuela, pero sus chistes no me causaban mayor gracia; acá era diferente. Acá estaba el mecánico, el malasuerte, el culebrero, el campesino y demás estereotipos cómicos colombianos. Sus chistes seguían siendo flojos, pero yo me reía porque eran personajes familiares para mí. Es como cuando un amigo cuenta un mal chiste y uno se ríe por amistad, no por gracia. Vi dos horas de videos de ese programa, luego me fui a dormir contento. Para mi sorpresa era noche de sábado; al día siguiente llamé a mi abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo al fútbol, se perpetuaba la discusión entre Argentina y Brasil. Argentina atacaba diciendo que El Diego llevó al campeonato a un equipo de segunda como el Nápoles, cosa que nunca hizo Pelé. Brasil se defendía argumentando que ellos han tenido muchos jugadores como Maradona, lo que pasa es que no tienen la suficiente calidad como para ser estrellas de Brasil. Finalmente evaden el debate con una frase contundente, casi una sentencia: “Nosotros no hablamos de fútbol con gente de países que tengan menos de 3 copas del mundo. Tú argentino, puedes hablar con uruguayos o ingleses. No con nosotros”. Dicho esto el brasilero y la italiana se quedaron hablando de cualquier cosa menos de fútbol, porque a ella este tema no le causaba el menor interés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los argentinos piensan que en todo lo malo que les sucede, Brasil tiene algo que ver. Cuando un árbitro omite una falta a favor de Argentina, entonces dicen que el árbitro debe ser brasilero; cuando una campaña publicitaria es repetitiva, entonces debe ser de Brasil; cuando un artículo es de mala calidad, entonces ya saben de dónde debe venir. Sin embargo es una enemistad no compartida porque para los brasileros, Argentina es uno más del mapa. Las discusiones entre Maradona y Pelé siempre son comenzadas por los seguidores de El Diego, los brasileros ni siquiera se plantean esa comparación. Cabe resaltar que esto se sitúa exclusivamente en fútbol, porque en general los argentinos son bastante amables con la gente de Brasil; no sólo los buscan para hablar de goles y campeonatos, también para aprender algo de portugués.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de terminar los partidos de la eliminatoria, llegó la pareja de colombianos. Me dejaron solo afrontando la vergüenza de los resultados. Recuerdo que en el juego contra Chile, el chileno dijo que esperaba un poco más de nivel de parte de Colombia ya que les fue muy sencillo anotar, yo no le pude refutar nada porque la época de soñador hace rato que se me pasó. Ojalá nuestros jugadores hubieran sentido la mitad de pena que sentimos los colombianos que los seguimos fuera del país. Por fortuna la cerveza logra convertir cualquier situación en un motivo de burla, tal vez por eso somos tan buenos para reírnos de nosotros mismos. Ésta, en verdad, es una gran cualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que ni Maradona, ni Pelé, ni ningún futbolista va a cambiar algo. Paraguay ganó y sus habitantes siguen llegando a Argentina a trabajar en construcción; Brasil empató y la corrupción administrativa continúa creciendo; Colombia perdió y el país sigue vendiéndose de a poco a los yanquis; acá continuamos cuidando las monedas para abordar el colectivo, presentando entrevistas de trabajo mal remunerado, acostumbrándonos a que todo suba constantemente de precio. Pero nadie ve fútbol esperando que su situación cambie, el único objetivo es alcanzar una victoria que nos haga olvidar que todo sigue igual.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-7760055848933788104?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/7760055848933788104/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=7760055848933788104' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7760055848933788104'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7760055848933788104'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/10/ni-maradona-ni-pel.html' title='4- NI MARADONA NI PELÉ'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-7167374729365229816</id><published>2008-10-18T21:14:00.000-03:00</published><updated>2008-10-18T21:15:04.410-03:00</updated><title type='text'>3- QUE VIVA MARCEL FRANCE</title><content type='html'>Uno de tantos lunes de compras en el supermercado, estaba tratando de hallar la diferencia entre los ravioles y los cappelettis. Era evidente que mientras unos eran cuadrados los otros eran enrollados, pero el interior y la composición de la masa eran lo mismo, así que me negaba a creer que la razón para que tuvieran dos términos tan distintos, sólo obedeciera a la forma de envolverlos. Leí las instrucciones de cocción y hasta le pregunté a los empleados de la góndola, pero no encontré ninguna respuesta concreta. De repente, Bon Jovi entró a terminar con este razonamiento estúpido. ¡Qué hace Bon Jovi sonando en un supermercado!&lt;br /&gt;Había escuchado a Depeche Mode en un kiosco, a Aerosmith en un almacén de zapatos, pero esto era un hecho sin precedentes en la historia de la música ambiental. Por lo menos para mi oído colombiano, tristemente acostumbrado a la ranchera, el reggaetón y el merengue apambichao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que no sólo había viajado 4.600 kilómetros al sur; también 25 años atrás. Las puertas de los ascensores, las vitrinas de las jugueterías y los pantalones apretados, me lo estaban diciendo en todo momento, y como mi naturaleza musical es más ochentera que Alf jugando Atari, para mí era una gran noticia. Aclaro que mi apreciación corresponde a pequeños detalles como la música ambiental, porque en cuanto a informática y tendencias globales, Buenos Aires es tan avanzada como cualquier cuidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después encontré un bar cerca de mi casa, en el que 10 bandas tocaban covers de grupos de Hard Rock a un costo ridículamente bajo, así que no me importó que fuera noche de domingo y me dirigí al lugar. Definitivamente los ochentas me estaban buscando, y esto era bastante justo si tenemos en cuenta todo el tiempo y dinero que he invertido rastreando álbumes de bandas damnificadas por el Grunge de los noventas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegué una hora y media después del supuesto comienzo del concierto, pero por fortuna no me perdí de nada porque las bandas también estaban llegando a esa hora. No hubo más remedio que esperar junto con los personajes maquillados y tinturados de la fila, y antes de que pensara en qué decirles para iniciar una conversación, uno de ellos se me acercó y me dijo:&lt;br /&gt;-      “Che, linda remera, ¿estuviste en el recital?”&lt;br /&gt;-          “¡Sí claro! Y estuvo buenísimo.” – Respondí&lt;br /&gt;Mi camiseta del concierto de Ozzy Osbourne ya había roto el hielo por mí. De ahí en adelante recibí vino, cigarros y demás manifestaciones no líquidas de cortesía internacional. Yo correspondí a sus atenciones con un litro de cerveza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acabado el licor entramos a un salón inmenso y al poco rato comenzó a tocar la primera banda, frente a menos de 30 personas. Fueron 3 temas de Skid Row ejecutados de manera impecable, con una puesta en escena propia de las entrañas del Glam, sin embargo la gente estaba quieta hablando de su trabajo. A las bandas que le siguieron les fue cada vez mejor, pero no por superioridad musical puesto que todas compartían un gran nivel. Era más cuestión de alcohol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche estuve en muchas conversaciones de bandas, contándoles cómo se había relegado el Hard Rock en mi país y conociendo parte de lo que hacían cuando no tocaban. Era increíble que el chico que cantaba igual a Sebastian Bach se dedicara a pintar casas, el que tocaba como C.C. de Ville sacaba fotocopias, el que hacía la voz de Gene Simmons madrugaba a amasar el pan. ¿Cómo es posible que haya gente con un 5% del talento de ellos haciendo giras mundiales, mientras ellos son el fondo musical de un bar de mala muerte?&lt;br /&gt;Estas situaciones lejos de disgustarme, me hicieron sentir afortunado de tener una voz tan desafinada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escena actual del rock ochentero es un movimiento completo, por lo que las groupies, o fanáticas dispuestas a hacer lo que sea para alegrar a los integrantes de la banda, también están presentes. Ellas tienen un particular medidor de simpatía, que generalmente eleva sus niveles de manera proporcional al largo del cabello del personaje que las corteja, o al instrumento que interpretan. La voz, la guitarra y la batería son los instrumentos más observados por las chicas. ¿Será por eso que es tan difícil conseguir bajista?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de la presentación de la última banda yo ya estaba bastante entusiasmado, porque correspondía a covers de mi grupo favorito: Motley Crue. El baterista arrojó las baquetas al público y por primera vez en mi vida la baqueta cayó a mi lado. En ese instante pensé que no me había ganado nada grande, finalmente era la baqueta de un baterista X, en un bar X, tocando temas que ni siquiera eran suyos, así que no la tomé. Pero cuando vi que alguien quería tomarla, la cubrí rápidamente con mi pie y la agarré. Mi rival era una rubia que me pidió 3 veces que le regalara la baqueta, porque a ella le gustaba el baterista. Esa explicación activó al hijo de puta que hay en mí y se la negué rotundamente. Luego la chica tomó sus muletas y se retiró resignada. Cuando me di cuenta del yeso que llevaba en la pierna, sentí algo extraño;  me tomó un poco de tiempo identificarlo, era remordimiento, pero la rubia ya había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al momento de la despedida, pude constatar que esta escena aunque decadente, es muy homogénea. Todos, hombres y mujeres, huelen a un gel barato de Marcel France. Tal vez vayan a la misma peluquería, o trabajen en la misma peluquería; tal vez las chicas compartan con sus novios delineadores, polvos, labiales, pañuelos, fijador y demás artículos de tocador; tal vez mi olfato conozca muy poco de la Línea Glam de Marcel France. Bueno, no vine a criticar, pero es inevitable no hacerlo cuando algo concluye de una manera tan particular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mañana del lunes siguiente estaba cargado con una energía muy densa, como si mi espalda estuviera más pesada. Algo así multiplicado por 10 debieron sentir los músicos de Hard Rock después de un concierto. Me alisté rápidamente y salí a la oficina de migraciones para verificar en qué andaba el trámite de mi visa, pero como las filas eran bastante largas, decidí pasar antes por la papelería para llevar un par de fotocopias de mi pasaporte, por si se les ocurría pedírmelas para alguna cosa. En la papelería también había fila. No cabía duda, era un día duro. Durante la espera sonó Kickstart My Heart de Motley Crue. El día ya no era tan malo, mi espalda no tenía ningún peso. Llegó mi turno y dije sonriente: “Dos copias por favor”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-7167374729365229816?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/7167374729365229816/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=7167374729365229816' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7167374729365229816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7167374729365229816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/10/3-que-viva-marcel-france.html' title='3- QUE VIVA MARCEL FRANCE'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-7129428547557065379</id><published>2008-10-18T21:13:00.000-03:00</published><updated>2008-10-18T21:14:22.096-03:00</updated><title type='text'>2- LOS GATOS DEL PARAÍSO</title><content type='html'>En los días que vinieron después de uno de mis conciertos favoritos, a cargo de un adolescente de 60 años que cantaba las propiedades de la OZZmosis, un amigo interrumpió mis relatos para decirme que el mismísimo Ozzy Osbourne había quedado maravillado con un lugar poco común de Buenos Aires. Además, estaba a escasas cuadras de donde nos encontrábamos. Eso ya era suficiente motivación para ir a conocerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento caminábamos por la Facultad de Medicina hacia la zona turística de Recoleta, plagada de shoppings, centros de diseño y estudiantes bisexuales de arte contemporáneo. En medio de todo esto, emergía un gigante de roca blanca con intenciones de parecerse a un Partenón con símbolos judíos. Tenía un letrero inmenso con el que nos saludaba “REQUISCANT IN PACE”. Yo dije “buenas tardes” y el portero nos dio la entrada al Cementerio de La Recoleta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ahora a mirar bóvedas! Claro que para el tipo de construcciones en las que descansan los muertos de acá, la palabra bóveda se queda bastante corta. La opulencia nos abofeteaba a cada paso, como si nos quisiera demostrar que hasta los gatos de este cementerio viven en un mejor lugar que nosotros. No sé mucho de arquitectura, sin embargo mis inocentes conocimientos en la materia me permitieron descubrir rasgos góticos y eclécticos en la mayoría de las tumbas. Incluso había una bóveda piramidal con inscripciones egipcias. ¿Por qué un egipcio poderoso querría ser enterrado en Argentina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más adelante los pasillos silenciosos con ángeles de piedra, brillaban constantemente con el flash de las cámaras de los visitantes, dejando en el fondo los balcones de los edificios emblemáticos de la ciudad. Era un contraste entre ceremonial y moderno, que de la manera más extraña encontraba su armonía. Cada escultura representaba una escena sobre su respectivo panteón: ángeles dialogando con la muerte, soldados cayendo en batallas, estadistas observando entronizados, todos marcados con placas de acero desgastado con la voluntad de los dolientes. Disculpen si me he puesto un poco retórico, pero no todos los días se ve desfilar a la muerte vestida para un coctel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi todos los personajes que le dan nombres a las calles de Buenos Aires están enterrados en este lugar, lo cual me llevó a pensar que el cementerio es una réplica de la ciudad, una gran maqueta a la que le vendría bien tener su propia Guía T de movilización. Por un momento nos sentimos extraviados entre tanto ángel y gato, así que seguimos a una multitud que parecía saber para dónde iba. Cuando se detuvieron estábamos en frente de la tumba de Eva Perón, según nos dijeron era la atracción del lugar porque no pasaba un día sin que un Peronista la fuera a visitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego nos encontramos con un panteón que tenía la escultura gigante de una niña con su perro. Llevaba una inscripción en italiano, así que recordé las cartas que me escribía una ex novia que estudiaba este idioma, y pude deducir una que otra cosa. Se trataba de un padre que le preguntaba al cielo por qué se había llevado a su pequeña hija, dejando “distrutto il mio cuore”. Esta tumba me exigió quedarme un rato para contemplarla, después de todo nos mostraba a una pequeña con su perro en una actitud totalmente parca, y a diferencia de las otras estatuas, ésta no era una representación de algún vivo sino la alegoría de un muerto. La ausencia de expresión de los rostros, la emotividad de la escena y el verde vetusto que se deslizaba por el metal, la dotaban de cierta ternura fantasmal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para retirarme miré la lápida, y haciendo mis cálculos deduje que la infante que acá estaba murió de 16 años, entonces seguí caminando medio desencantado diciéndole a mi amigo “¡Bah! Ya no era tan niña.”&lt;br /&gt;Después me quedé pensando en lo que dije y me asombré con espanto, porque yo ya me había convertido en una víctima mediática que clasifica las muertes de acuerdo al horror que producen. Me sentí como editor de un diario sensacionalista, que coloca las muertes de niños en primera plana y los demás fallecimientos en páginas interiores, como si la vida de todos no tuviera el mismo valor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sol ya se estaba ocultando detrás de las alas de una de estas criaturas de piedra, los visitantes de la tumba de Evita se estaban marchando y los únicos flash del lugar provenían de nuestras cámaras. El ambiente ya era demasiado gótico como para continuar allí. Un poco angustiados buscamos la salida de este laberinto, lo que nos tomó algunos minutos porque ya no había nadie vivo a quien preguntarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso alcanzamos a imaginar cómo sería quedarnos encerrados en el cementerio por una noche. Seguramente después del pavor y la resignación, empezaríamos a escoger panteón; yo me hubiera pedido el de la familia Mattaldi, es bastante amplio y tiene un ángel vigilando la entrada, también cuenta con una corte de gatos que se encargará de cualquier rata que intente acercarse. Por fortuna encontramos a tiempo la puerta en forma de Partenón, postergando la noche en el cementerio para otra ocasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo y yo sabíamos que lo que habíamos visto en el Cementerio de la Recoleta, ameritaba ser comentado con prolijidad. Dimos vuelta hasta el centro de la ciudad y nos tomamos 3 botellas de vino, tal vez 4, sin embargo las pocas palabras que pronunciamos al respecto sonaban minúsculas para todo lo que teníamos en mente acerca de los panteones. Que son una alegoría exacerbada del dolor humano, que son monumentos a la ausencia, que son levantados más por la conciencia y orgullo de los dolientes que por la memoria del occiso, que la muerte se convierte en arte y a su vez al arte mitiga el dolor de la muerte, que son el paraíso de los gatos; en fin, apreciaciones en caliente de futuros borrachos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidimos abandonar el tema del cementerio, por lo menos hasta que tuviéramos algo inteligente que decir. Esa fue una gran noche; buenos vinos, diferentes quesos, tango de fondo y una ininterrumpida conversación acerca de Ozzy Osbourne.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-7129428547557065379?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/7129428547557065379/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=7129428547557065379' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7129428547557065379'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/7129428547557065379'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/10/2-los-gatos-del-paraso.html' title='2- LOS GATOS DEL PARAÍSO'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8393935251380332462.post-4331634031632719051</id><published>2008-10-18T21:12:00.000-03:00</published><updated>2008-10-18T21:13:41.595-03:00</updated><title type='text'>1- BANDA SONORA PARA EL DÍA DOMINGO</title><content type='html'>No sé si es porque llegué hace poco tiempo a esta ciudad, pero por alguna razón las resacas del sábado no me golpean tan fuerte como de costumbre. Las horas de sueño de borracho, televisión sin sentido y varios litros de limonada se agotaron antes de medio día, dejando mi cabeza en perfecto estado y con la inquietud de qué hacer con la tarde de domingo soleado que se me venía encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hice un par de llamadas pero mis amigos aún estaban pagando las consecuencias de la noche anterior. Tenía algunos documentos por escribir y trabajos por pensar, pero en eso me gasto la semana. La tarde de hoy me exigía un plan dominguero. Es decir algo popular, barato, medianamente entretenido y poco trascendente. Cualquier cosa hecha afuera para consumir rápidamente el tiempo entre la locura del sábado y la cordura del lunes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre la mesa de centro había un folleto turístico que alguna de las huéspedes del hostel debió haber olvidado (creo que fue la chica de España), donde estaba destacado el encanto de la Plaza Dorrego en el barrio San Telmo.  Me pareció adecuado para matar el tiempo libre que me había dejado la ausencia de resaca, averiguar qué había detrás del titular de ese folleto turístico: “La música y la magia de San Telmo esperan por ti”.&lt;br /&gt;Consulté en mi Guía T el número de colectivo que me servía, lo abordé y fui a descubrir por mí mismo, qué diablos es lo que está esperando por mí en ese lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el trayecto constaté que este definitivamente sí era un plan dominguero. Iban parejas con sus niños pequeños haciendo un gran alboroto en el colectivo (si los argentinos son bullosos, sus hijos son cornetas que exigen afinación). También iban novios adolescentes en busca de descubrimientos, esposos jubilados en busca de recuerdos y tres desorientados que miraban para todo lado. Yo era uno de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar a la calle Perú el colectivo se desocupó casi por completo, y todos nos unimos a una gran marcha sorda que caminaba a destiempo hacia Plaza Dorrego. Las calles estaban llenas de anticuarios con antiguas portadas de tango y escudos de guerras que no conocí, en cuyas vitrinas se reflejaban los rostros nostálgicos de los viejos.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente estaba en el centro de la acción, Plaza Dorrego. El punto de ebullición de San Telmo, donde la atmósfera de domingo porteño estaba en su vórtice. La gente comía muchos helados, tomaba cerveza artesanal y daba paso a la gran variedad de grupos folclóricos que se abrían camino con tambores y batucadas. En una esquina había un grupo de bailarines de tango que intercalaba sus presentaciones para bailar con la gente que los observaba; yo bailé media canción, lo suficiente para dejar por el piso el sentido del ritmo que poco ha acompañado a mis pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las construcciones son muy similares al resto de Buenos Aires, solo que con un poco más de casas viejas y con menos edificios. Pasado un rato sentía que ya había visto todo lo que podía ver en la plaza, así que decidí dar vueltas por las manzanas circundantes a ver qué otra cosa estaba esperando por mí. Me encontré con filas interminables de puestos que vendían zapatos viejos, bufandas en lana, estatuillas de muñecos tangueros, hadas y gnomos en porcelanicrón, barcos navegando en diferentes clases de botellas y todas esas chucherías habituales en las valijas de los hippies de cualquier lugar del mundo. Yo las pasé por alto, pero hay que ver la cantidad de mujeres europeas que se reunían alrededor de estos abalorios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al mirar en sentido contrario encontré muchas iglesias y museos. Las iglesias eran bastante comunes, pero me llamó la atención que hubiera un museo penitenciario, entonces pagué los 2 pesos que valía la entrada. Para mi fortuna este ha sido el único acercamiento que he tenido al mundo de las cárceles, lo que me permitió disfrutar al máximo de un recorrido de 15 minutos. Camas con inodoros al lado como si fueran mesas de noche, uniformes roídos, armas de comienzos de siglo, enfermería con barrotes, un gran comedor comunal con 3 centímetros entre cada silla y un guardia (de verdad) que decía: “Apresúrense por favor que ya vamos a cerrar”.&lt;br /&gt;Yo me apuré, era como si el espíritu de la prisión se hubiera apoderado de mí. No quería contradecirlo, sólo fugarme lo antes posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al salir, estaban los mismos puestos de artesanías, las batucadas se habían marchado, los bailarines de tango tomaban cerveza y el río de gente seguía sobre ellos, pero ya eran agua nueva. Entendí que era momento de retirarme, porque las calles que fueron novedad hace una hora, en este momento me parecían bastante recorridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el hostel la chica de España tomó su folleto turístico y me preguntó si yo conocía San Telmo. Le dije que era un buen sitio para pasar un domingo, tal vez dos, no sé si tres. Le expliqué que esperaba un contraste más fuerte con el resto de la ciudad, sin embargo es un lugar entretenido lleno de música, recuerdos y tumultos de gente de todo el mundo. Tal vez regrese cuando tenga hijos con voz de corneta, o cuando tenga una esposa con quien mirar anticuarios, o cuando tenga una novia europea.&lt;br /&gt;Quedamos de ir juntos el próximo domingo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8393935251380332462-4331634031632719051?l=habitaciondelcaminante.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/feeds/4331634031632719051/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8393935251380332462&amp;postID=4331634031632719051' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/4331634031632719051'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8393935251380332462/posts/default/4331634031632719051'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://habitaciondelcaminante.blogspot.com/2008/10/1-banda-sonora-para-el-da-domingo.html' title='1- BANDA SONORA PARA EL DÍA DOMINGO'/><author><name>artefaktory</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15747139347673965022</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_awq6GsXKF8k/SPZxhk7OSaI/AAAAAAAAAAM/p5ef7xvur1c/S220/otro+m%C3%A1s.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry></feed>
